jueves, 28 de febrero de 2013

68. Calle Payaso Fofó




Cuidadosamente fui preparando mi mochila de los partidos con lo de siempre: dos bufandas, una manta, un paraguas y una radio. Saqué la ropa y la dejé preparada para que al día siguiente todo fuera rodado. Programé el despertador y me eché a dormir.
A las 7:30, cuando sonó el ring, me levanté como un resorte. Dos escalas y emprendimos la marcha hacia Madrid. Todo el viaje recordando jugadas, fichajes, polémicas, decepciones… Sobre las once llegamos a la capital. M-30, Avenida de la Albufera y al fin la mítica calle del Payaso Fofó, en la que se alza el coqueto estadio vallecano.
Muy cerca de donde aparcamos había un bar de los de toda la vida. Con la fachada acristalada repleta de carteles de actividades del barrio, coronada por un desgastado toldo verde en el que se adivinaba el antiguo nombre del establecimiento 'Faisán'. Ese era nuestro sitio, no cabe duda. Bocata de panceta recién hecha a la plancha y a localizar la puerta diecinueve.
La calle huele y sabe a fútbol. Los puestos de banderas y bufandas en los aledaños, el trasiego de gente, vecinos alborotados, el camión de la tele. 'Bienvenidos al Campo de Fútbol de Vallecas, donde se da una afectuosa bienvenida a la afición del Real Valladolid'. Ovación. Aplausos. Suena a todo volumen la 'Fiesta pagana' de Mago de Oz y el 'Vamos Rayito' de SKA-P por los altavoces del campo. Comienza el balón a rodar.
El sol sale y se esconde y un helador frío de febrero entra por la izquierda del campo, donde no hay gradas, entre dos bloques de ladrillo en los que muchos vecinos ven el fútbol desde el salón de su casa. El balón no tiene un dueño evidente. Igualdad. Manucho se faja entre los defensas, Larsson se anticipa al rival otra vez más y Alberto Bueno lanza un disparo seco que desvía fuera Rubén. Dominio blanquivioleta y descanso.
El otro fondo, repleto, entona como un himno 'A las armas' y todo el estadio corea. Se estremece el barrio. Gol del Pucela, alegría, abrazos. Y gol –golazo- del Rayo. Vaya por Dios. Seguimos atacando, Alberto Bueno caza un pase en falso, regatea, pasa a Manucho, y otro gol. Alegría, abrazos, aplausos. Paradón de Dani y final del partido. Aplausos a la afición local y más abrazos con los compañeros de viaje.
Por la tarde vuelta a casa. Satisfechos, cansados, y aún nerviosos por lo apretado del marcador. Escuchando la radio, lectura de whatsapp atrasados y cena tranquila. Gran día. Gran victoria. 33 puntos y la satisfacción del deber cumplido. Mereció la pena el madrugón, el viaje, y el frío.

Fran Arranz

Publicado en El Norte de Castilla el 28-2-2013

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