jueves, 14 de febrero de 2013

66. El Mopongo



Tuve un compañero de trabajo hace años (que ruego me perdone), al que algunos solíamos llamar «el mopongo». La explicación es sencilla: en las reuniones de la oficina él siempre encontraba alguna buena razón para oponerse a todo lo que el jefe de turno proponía como novedad o mejora común («m'opongo a esto», «m'opongo a lo otro»).
Seguro que ustedes conocen a muchos como él porque estamos rodeados de «mopongos» por todas partes. En las reuniones de la comunidad de vecinos, en las comidas familiares, o en cualquier grupo de amigos. Siempre surge alguien al que para sorpresa del resto de los presentes no le parece bien lo propuesto -y que todos los demás vemos como razonable-, y que hace lo posible por conseguir que la propuesta decaiga.
Por el contrario, los «mopongos» suelen mostrarse bastante razonables cuando hablas con ellos en privado de forma previa, y no tienen público delante. En el cara a cara siempre comprenden tus argumentos y hasta les parece bien lo que opinas o lo que le sugieres. Pero -hete aquí- cómo oses añadir en la reunión algo que previamente no habías comentado y acordado con él, estás perdido. Jamás lograrás su apoyo.
¿Qué tiene que ver esto con el Real Valladolid? Pues poco o mucho, la verdad. Me llama la atención que haya periodistas o aficionados que por sistema critiquen todo aquello que -con mayor o menor fortuna pero con mucho más conocimiento (porque ellos tienen mucha más información que nosotros)- hacen el entrenador o el club. Porque no convocan para este partido a Fulanito, porque lo convocan, porque fichan a Menganito que no nos va a aportar nada, porque no sacan a Zutanito que se lo merece más o porque lo sacan y lo exponen a la crítica. En fin, que siempre hay una buena excusa para menospreciar las decisiones tomadas. Empero, ¿qué aporta la crítica preventiva? ¿para qué se hace? ¿para poder decir luego «yo ya lo dije»?
En realidad todos somos un poco «mopongos» en algún momento de nuestra vida. En casa, con el jefe, los padres o nuestra pareja. Ratos en los que nos apetece enfurruñarnos contra el mundo, hacernos los interesantes y decir que no, porque no. Y no pasa nada. Eso no es necesariamente malo y sirve para desahogarnos. Pero tenemos que aprender a envainárnosla elegantemente cuando la realidad nos demuestra que la decisión no fue tan equivocada, que el fichaje no resultó tan malo, que la planificación no era tan desastrosa, o la decisión del entrenador tan incomprensible. Esa rectificación pública es la que nos hace verdaderamente grandes no sólo como aficionados, sino como personas.

Fran Arranz

Publicado en El Norte de Castilla el 14-2-2013

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