Fue muy interesante leer en las redes sociales tras el meritorio empate del domingo pasado ante el Espanyol opiniones como que «es curioso como a los talentosos no se les justifica sólo con el talento pero a los físicos sí sólo con su desgaste, ejemplos de Bueno y Larsson» o que «a Larsson no hay que pedirle que acierte pases pero a Bueno sí intensidad». Frases pronunciadas por algunas voces autorizadas del pucelanismo, gente a la que respeto y aprecio, como Javi Pardo, compañero de columna los miércoles en estas páginas o Juan Arranz Martín, analista de la actualidad blanquivioleta. Curioso debate.
El Real Valladolid, como todos los equipos y en general cualquier empresa, tiene en su plantilla a unos futbolistas más técnicos y a otros menos virtuosos que destacan sobre todo por su empuje o sus cualidades físicas. Nadie discutirá que Óscar, Omar o Bueno elevan el nivel técnico de la plantilla, o que serían capaces de regatear a un oponente dentro de una baldosa, es evidente. En sentido opuesto tenemos otros jugadores menos dotados de calidad individual que los primeros –caso de Larsson, Balenziaga o Manucho- pero que suplen sus carencias técnicas respecto a aquéllos a base de físico, presencia, seguridad defensiva o dominio aéreo. Los seis titulares o primeros recambios de Djukic durante los partidos. Pero ¿son entonces acertadas las valoraciones de Javi y Juan?, ¿somos más exigentes con los «técnicos» que con los «físicos»? Seguramente. ¿Hay que exigirle a Bueno intensidad? Indiscutiblemente. ¿A Larsson hay que pedirle que acierte pases? Claro que sí, hay que exigírselo. Eso sí, sabiendo de antemano que el sueco no tiene la técnica exquisita del madrileño.
A cada jugador hay que exigirle exactamente hasta el máximo que pueda dar, de acuerdo a su nivel. Al más técnico, más, al menos técnico, que asegure los pases, pero a todos ellos, el 100% de intensidad. Las ganas, el pundonor, la garra o la intensidad defensiva, tienen que ponerlas todos los jugadores sin excepción. Ese debe ser el mínimo común múltiplo de nuestros futbolistas. A partir de ahí, los más talentosos, aquellos tocados por la varita mágica, los que inventan jugadas que los demás ni imaginamos, tendrán que aportar ese plus de calidad necesario para hacer nuestro equipo más competitivo y marcar las diferencias con los rivales. Todos combinados armoniosamente en una alineación en la que –no olvidemos- a veces los partidos se ganan por un balón aéreo que recupera Manucho, abre a banda para Balenziaga o Larsson, y éste asiste a Óscar para que invente una vaselina y marque gol.
Fran Arranz
Publicado en El Norte de Castilla el 7-3-2013
Foto: Real Valladolid
Foto: Real Valladolid

No hay comentarios:
Publicar un comentario