Es francamente desolador para el aficionado abrir el periódico estos días y leer en esta sección -habitualmente llena de goles, paradas y canastas- noticias como a cuánto asciende la deuda del Real Valladolid con otros clubes, empleados y agencia tributaria; la dimisión en pleno de la cúpula del Club Baloncesto Valladolid; o los tenebrosos números de la contabilidad del Balonmano Valladolid. Se le atraganta a uno hasta el café pensando si no viviremos mucho más felices en nuestra ignorancia, disfrutando las victorias completamente ajenos a los problemas de gestión de nuestro equipo.
Las grandes entidades deportivas de la ciudad están atravesando uno de los momentos más delicados de su historia, que contrasta radicalmente con la envidiable posición en la tabla que ostenta el Pucela, la oportunidad cercana de asegurar la permanencia del Blancos de Rueda, o el hecho de haber salido el Cuatro Rayas este sábado –por fin, en una temporada aciaga- de las plazas de descenso.
Parece como si un extraño contrapeso del destino se empeñara en jugarnos una mala pasada a los aficionados y nos impidiera saborear uno de los pocos momentos de relativa tranquilidad que vivimos en lo deportivo. Como si estuviéramos sobre lo alto de un tobogán al que hemos subido con gran esfuerzo, y ahora que podemos ver el horizonte con optimismo, sentimos la presión en nuestra espalda de alguien que se empeñara en empujarnos de nuevo cuesta abajo.
Cada una de las tres entidades tiene su propio problema y su mejor solución. En cuanto al Real Valladolid, lo que procede es continuar con la política de hormiga implantada por Carlos Suárez desde que se convirtió en accionista mayoritario hace dos años, opuesta a la cigarra que fue. Continuar atrayendo talento a coste cero, ajustando los salarios a la situación económica real y con un entrenador que garantice el trabajo bien hecho. Sólo así se conseguirá la viabilidad del club una vez finalice el concurso, lo que nos permitirá aspirar en un futuro no lejano a cotas mayores en lo deportivo.
Respecto al Baloncesto, el reto de quien llegue será encontrar el equilibrio entre el cumplimiento de las obligaciones con los acreedores y el pago de los gastos corrientes del club, lo que siempre será más fácil en ACB. Por último, el Balonmano. Confiemos en que el nuevo presidente trabaje para atraer inversiones y –una vez asegurada la permanencia- sanear definitivamente las cuentas del club. Tener tres equipos de primer nivel en la ciudad es un lujo que pocas ciudades tienen. Ojalá no tengamos que renunciar a ninguno de ellos, será señal de que los directivos han estado a la altura del reto.
Fran Arranz
Publicado en "El Norte de Castilla" el 15-3-2013

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