El catedrático de Derecho Civil entró en el aula y -tras advertir de que cualquier amago de copia sería sancionado con volver en septiembre- dictó solemnemente la primera pregunta del examen: «La función social de la propiedad». Vaya por Dios, -pensé yo- el único tema que no me había dado tiempo a estudiar (qué coincidencia) en ese apresurado apretón final que todos los vagos se han pegado alguna vez los últimos quince días antes del examen. Luego me ocurrió lo de siempre, llegas a casa, abres los apuntes, y empiezas a recordar... ¡Ah claro!, ¡pero si era esto!, ¡qué rabia!
En seguida comprendí (y ya nunca olvidé) que la función social de la propiedad significa que esta no puede entenderse y ejercerse de forma absoluta sino incardinada en la sociedad a la que pertenecemos, de forma pacífica y sin molestar al prójimo, y que puede ser reducida o compensada siempre que exista un interés común y legítimo por medio de instrumentos como la expropiación pública.
No, no se han equivocado de sección, siguen en 'deportes'. Les ruego perdonen la licencia de haber comenzado la columna hablándoles de un tema jurídico, pero es que mucha gente cree que el fútbol es solo un deporte en el que veintidós jugadores intentan meter un balón en la portería del contrario, y los partidos empiezan en el minuto uno y acaban en el noventa. Y no, no es así. En los tiempos que corren, los futbolistas representan un auténtico modelo de éxito y de comportamiento para la juventud.
Y por eso los benjamines del 'Marina Escobar' de Valladolid (con diez años) se quedan después de un entrenamiento a ensayar el bailecito del 'Ai si eu te pego' para cuando marquen gol, porque lo vieron hacer a sus ídolos el domingo pasado en el partido.
Quizá no nos damos cuenta, pero esos jugadores son auténticos modelos para nuestra juventud, que les imita. Esa es para mí la función social del fútbol para lo bueno, y también para lo malo. En la medida en que por parte de entrenadores, prensa o compañeros se aplaudan o no se censuren comportamientos antideportivos, lesiones intencionadas, pisotones al contrario o engaños al árbitro, estamos trasmitiendo esos valores a la generación del mañana. Y esto, queridos lectores, no se enseña solo en el colegio o en el vestuario. Esto se aprende sobre todo en casa, y aquí es donde los ídolos de nuestros niños deben pensar que lo que ellos hagan hoy estará siendo imitado por millones de niños mañana. Qué poder, y qué responsabilidad, ¿no creen?
Fran Arranz
Foto: Servifutbol.com
Publicado en "El Norte de Castilla" el 02.02.2012

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