Una de las grandes batallas que se libra en todos los ámbitos de la vida desde el principio de los tiempos es aquella que enfrenta a la razón con el corazón.
Lo habitual a priori es dar por vencedor de ese sempiterno combate a la razón. Al fin y al cabo, lo normal en la vida y en el deporte es que el pez grande se coma al chico y que el equipo de mayor presupuesto gane al pequeño. Sin embargo, otras veces las cosas no salen como las había planificado el poderoso. Este combate razón-corazón se reproduce en casos como el de Alberto Contador, en los que la ley -tozuda o injusta por considerar positivo una cantidad tan ínfima- choca con el sentido común, que cree que esa sanción es desproporcionada. En cualquier caso, ahora no quiero referirme ni al fútbol modesto ni al dopaje.
La familia blanquivioleta comenzó la temporada triste y decepcionada por el amargo final del año pasado pero con ganas de volver a enamorarse del equipo. Se había logrado retener a muchas figuras de la remontada de la segunda vuelta, se había fichado a algunos futbolistas muy interesantes y con experiencia o proyección y encima teníamos de vuelta a los cedidos, aunque –la verdad sea dicha- en ellos no depositábamos demasiadas expectativas tras el discreto papel que habían realizado. El corazón, la intuición, la fe, nos decían en septiembre a los optimistas que este año podíamos hacer grandes cosas, aunque tampoco teníamos demasiadas garantías de ello, porque algunos –los de siempre- se empecinaban en recalcar que nos faltaba un central, que no teníamos lateral derecho de garantías, o que el sistema de Djukic no valía para segunda. Precisamente sobre el técnico la mayoría de la afición era bastante escéptica al conocerse su fichaje por su falta de experiencia en la categoría, y sobre todo después de habernos llevado el chasco del año pasado con 'el experimento' Antonio Gómez.
Pues bien, las jornadas han ido pasando y el tiempo ha ido poniendo a cada uno en su lugar. Pasada ya más de la mitad de la temporada, hemos conseguido hacer de la necesidad virtud y ahora la razón y los números nos confirman el buen presagio inicial: segundos en la tabla, y demostrando una superioridad técnica y táctica incuestionable sobre la práctica totalidad de equipos de la categoría. En esta batalla entre la razón y el corazón, una y otra están a día de hoy coincidiendo. Que se mantenga hasta el final de liga será cuestión no sólo de seguir confiando y soñando, sino también de seguir trabajando.
Fran Arranz
Publicado en "El Norte de Castilla" el 9.02.2012

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