Mi padre me ha preguntado muchas
veces cómo es posible que yo sea tan aficionado al Pucela cuando ni él ni mi
madre han sido nunca futboleros. Todo lo más, ven los partidos de la selección
y los Madrid-Barça de turno, aunque apostaría que casi más por obligación
social –y confieso que muchas veces no llegan despiertos al minuto 70- que por
verdadero interés.
Yo lo tengo claro: mis genes
futboleros los he heredado de mi abuelo Goyo. Labrador de agrietadas manos,
nacido y criado en Suzana, una pequeña pedanía de Miranda de Ebro, aunque
seguía cada jornada a los rojinegros, era más merengue que Bernabéu (aunque los
últimos años de su vida, por cariño a sus nietos, se aficionó también al Real
Valladolid).
Entre campos multicolores de vid,
trigo y huerta un tercio castellanos, un tercio riojanos y un tercio alaveses,
con Pancorbo en un horizonte y el Gorbea en otro, bajo el exigente clima
burgalés, mi abuelo escuchaba en su radio cada domingo, con fe y pasión, los
goles y las jornadas de liga. Y es precisamente ese carácter apasionado,
luchador y comprometido con su equipo el mismo que el Mirandés sacó el martes
en Anduva eliminando al Espanyol, tercer equipo de Primera al que hacen hincar
la rodilla, junto a las tierras que labraba mi abuelo; y demostrando que -como
solía decir otro grande- la vida puede ser maravillosa.
Yo ya nací en Valladolid y –como
conté en estas páginas hace tiempo- caí enamorado del blanco y el violeta una
mañana de 1984 en que mi vecino Aracil (un antiguo defensa de nuestro equipo)
me subió al Nuevo Zorrilla. Tengo claro
que la forma de celebrar cada gol, de vivir intensamente cada minuto de cada
partido y cada competición de cada temporada, la heredé de él, de mi abuelo,
que confío en que pueda seguir escuchando desde arriba su vieja radio
disfrutando de cómo su Mirandés mata a gigantes y como el Valladolid de sus
nietos huele a Primera.
El sábado en Guadalajara pude
respirar ese perfume con mucha buena gente. Y la verdad es que este año parece
que sí, que lo vamos a lograr. El equipo bascula, defiende y ataca en conjunto.
Respeta al contrario, es exigente consigo mismo y la afición disfruta.
Me gusta el fútbol por todo esto:
por la historia de mi abuelo futbolero, por la histórica remontada del
Mirandés, por los grandes recuerdos y viajes blanquivioletas y por la de tantos
héroes del verdadero fútbol, romántico y pasional. ¡Aúpa Mirandés! ¡Aúpa
Pucela!
Foto: Reuters
Fran Arranz
Publicado en "El Norte de Castilla" el 26.01.2012

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