Cuando escuchamos aquel tópico de los 'equipos modestos' rápidamente identificamos la expresión con la imagen mental del Real Valladolid, Levante, Osasuna… equipos que aunque puntualmente hayan conseguido títulos o gestas, contraponen su maltrecha economía y sus discretos números con poderosos y refulgentes como Real Madrid o FC Barcelona.
Pero no, en esta ocasión no me refiero al Pucela. Hablo de los modestos entre los modestos. Del Alcorcón, que ascendió a Segunda el año pasado y casi nos gana el sábado (salvamos un empate y gracias); o del Guadalajara, un recién ascendido que será nuestro próximo rival. Y sobre todo hablo del Mirandés, club que compite en Segunda B y que está bordando con letras de oro su participación en la Copa del Rey.
En estos equipos no hay grandes estrellas mediáticas, no fichan a jugadores del Manchester ni hacen pretemporadas en Asia. En sus vestuarios no hay hidromasajes. Los coches que usan los jugadores no son de gama alta y algunos de ellos compaginan este deporte con otros trabajos porque saben que no llegarán a estrellas mundiales.
Nuestro Real Valladolid - una de las mejores plantillas de segunda- hizo lo que pudo durante ochenta minutos con diez jugadores para defender el gol inicial, pero el Alcorcón no cejó en el empeño hasta que logró merecidamente el empate. El Espanyol, que hace un par de semanas hizo morder el polvo al Barça de Guardiola, sufrió el martes muchísimo más de lo que esperaban parar doblegar a los bravos mirandeses (y ojo, que queda el partido de vuelta en el que los catalanes no lo tendrán nada fácil).
Los modestos del fútbol son también los miles de aficionados que juegan en peñas en campos de tierra los domingos a las ocho de la mañana, o en pachangas semanales a las diez de la noche y bajo la niebla. Lo son los chavales que entrenan cada día en clubes de barrio.
La lección que nos enseñan estos equipos verdaderamente modestos está clara: el fútbol es mucho más que un negocio de ricos. La calidad individual ayuda y marca diferencias pero no lo es todo. La garra, el coraje, el pundonor y el sentimiento de luchar junto a tus amigos por un premio colectivo, muchas veces consiguen pintar la cara de colorado a otros que bajaron del autobús creyendo que ya habían ganado el partido. Mucho cuidado este sábado con el Guadalajara. Podemos ganar, pero sólo lo conseguiremos respetando al rival y luchando con la misma intensidad. Será entonces cuando demostremos que somos mejores.
Fran Arranz
Publicado en "El Norte de Castilla" el 19.01.2012
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