jueves, 15 de diciembre de 2011

18. El valor del equipo


Con bastante frecuencia, estudiosos, técnicos, comentaristas y plumillas del fútbol resaltan con elogiosos epítetos la cualidad del juego en equipo que practica el F.C. Barcelona. En realidad, lo hacen casi siempre para contraponer este esquema de juego al del Real Madrid, añadiendo invariablemente la coletilla “que se apoya demasiado en sus individualidades pero no realiza juego de conjunto”.
En cualquier organización empresarial cobra una trascendencia fundamental un aspecto que normalmente no está en relación directa con la cifra de negocios o con la cuenta de pérdidas y ganancias: la capacidad para realizar trabajo en equipo. Este aspecto hace que se genere un verdadero sentimiento de piña entre los miembros del departamento, área o sección, que actúa como leitmotiv del negocio y lubricante de los pequeños roces que siempre surgen en las relaciones humanas. Prácticamente todo el mundo –eso sí- suele destacar en sus currículos y en las entrevistas de trabajo que tiene gran facilidad para el trabajo en equipo, aunque la realidad nos demuestra que no siempre es así. En el mundo del fútbol, me consta que los directores deportivos ponen especial relieve en este aspecto a la hora de plantearse un fichaje cuestionándose si ese jugador será conflictivo en el vestuario o si se llevará bien con sus compañeros.
Saco este tema a colación de la cara y cruz del partido del Real Valladolid en Alicante. A raíz de los elogios que se llevó merecidamente Víctor Pérez, que cuajó un sensacional encuentro con gol y asistencia incluidas habiendo sido criticado duramente por sus últimas actuaciones; y todos los palos que se llevó Nauzet Alemán por su chiquillada de protestar y dejar al equipo con un hombre menos casi toda la segunda parte, lo que ayudó a que perdiéramos la ventaja de 0-2 que teníamos al descanso. Si nuestra plantilla no tuviera espíritu de equipo, o si nuestros jugadores se llevaran mal entre ellos habría sido muy difícil que se hubiera visto que todos acudieron a abrazar a Víctor tras el gol o haber escuchado a Nau reconocer el lunes que metió la pata, que está arrepentido y que espera no volver a perjudicar a sus compañeros.
Se podrá ganar, empatar o perder, pero cuando a un jugador la pifia un día y el entrenador, los compañeros y la afición en vez de machacarle le arropan y reafirman su confianza en él, se consigue mucho más que pidiendo su cabeza. Cuando hay “un algo” común –y eso parece que Djukic lo ha conseguido- todo parece más fácil de lograr, aunque existan aún muchas aristas por limar y muchos córners por defender, aunque no tengamos al balón de oro ni seamos el Barça A ni el Barça B, al que –por cierto- vamos a ganar el sábado en casa para que sepan esos jovenzuelos de la Masía cómo las gastamos en Pucela; y que nosotros, aunque no seamos tan mediáticos y vistamos de blanco y violeta, también somos un verdadero equipo.


Artículo publicado en "El Norte de Castilla" el 15-12-2011

No hay comentarios:

Publicar un comentario