jueves, 8 de diciembre de 2011

17. La poción mágica


Hace unos días Yannick Noah (extenista francés) se preguntaba en un artículo en 'Le Monde' cómo puede una nación dominar de tal manera el deporte, con una superioridad equiparable a la que lograba el pequeño Astérix cuando bebía de la cantimplora la poción mágica que el druida Panorámix le había preparado para cargarse a unos cuántos romanos. Obviamente el pintoresco gabacho dejaba caer con sus palabras la sombra del dopaje sobre los éxitos conseguidos en los últimos años por nuestros compatriotas en tenis, fútbol, baloncesto, etc. Vamos, lo que en castellano viejo se ha conocido toda la vida como el «difama, que algo queda».
Más allá de estas grandilocuentes declaraciones, que como no se sustentan en prueba alguna no merecen por nuestra parte más que la indiferencia que se le otorga al envidioso, debemos quedarnos con el fondo de la cuestión. La respuesta de los éxitos en el deporte, llámese fútbol, baloncesto, tenis o ciclismo siempre hay que buscarla en el trabajo, la preparación, la planificación y la constancia. Para mí no existe otra poción mágica, quiero creer que las normas antidopaje son tan estrictas que actualmente ningún profesional con dos dedos de frente confiaría su suerte en una competición profesional a esa ayuda extra que con la misma facilidad le podría dar la gloria o hundir su carrera definitivamente.
Carlos Suárez tiene un plan, lamentablemente ninguna poción mágica. En la soledad de su despacho ordena sus datos y traza en su cuaderno la hoja de ruta que salvará al Pucela y a él mismo de la ruina, o le llevará irremediablemente a ella. Primero, cobrar deudas y generar ingresos; segundo, pagar a jugadores y empleados para cumplir con su palabra y evitar riesgos de descensos administrativos; tercero, solicitar la apertura de concurso de acreedores para garantizar liquidez hasta el final de la temporada y permitir un aplazamiento de la deuda con la Agencia Tributaria; cuarto, conseguir el ascenso directo; quinto, renegociar un nuevo contrato por los derechos de televisión para el año que viene; sexto, mantener el bloque actual de la plantilla con algunos retoques para la próxima temporada; y séptimo, dentro de unos años retomar el proyecto Arena desde cero incluyéndolo en el próximo Plan de Ordenación Urbana sin las dos losas que lo acaban de hacer fracasar: una modificación a la carrera de las normas urbanísticas y un escenario económico más favorable para la construcción y el comercio. Si todo sale según el plan previsto, el Real Valladolid del próximo lustro brillará con luz propia y se sostendrá sobre rocosos pilares. Sin embargo, si el balón no entra en la portería y nos paramos en la cuarta estación de nuestro trayecto, habrá que volver a empezar desde abajo.
Pase lo que pase los fieles seguiremos apoyando siempre a nuestro club aunque toda la Galia esté ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles pucelanos resiste todavía y siempre al invasor… ¡Y sin poción mágica!
Fran Arranz
Publicado en "El Norte de Castilla" el 8-12-2011

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