jueves, 29 de diciembre de 2011

20. Mitología Blanquivioleta


Aproximadamente mil años antes de Cristo, cuando la civilización griega comenzaba a dar sus primeros pasos, el recurso al mito servía para explicar las respuestas a las grandes preguntas de la humanidad utilizando toda una serie de dioses y héroes a quienes tomar como modelo o inspiración.
Zeus -por ejemplo- era el primero y más importante de todos los dioses, el que gobernaba el mundo como Miroslav Djukic gobierna el vestuario vallisoletano. Invocado por los hombres en caso de conflicto, solventaba las diferencias entre ellos e impartía justicia sin contrariar a las partes (o al menos eso cuenta la leyenda, aunque creo que este aspecto le costará al serbio un poco más).
Por otro lado aparece Apolo, dios de la luz y la armonía, como la que aporta al conjunto Óscar González en sus buenas tardes de inspiración futbolística, iluminando al equipo en las tinieblas.
En esta particular adaptación mitológica no podemos olvidar a Hermes, el mensajero de los dioses, encarnado por nuestro capitán Javi Baraja, fiel transmisor de las órdenes de Zeus-Djukic a dioses y hombres con celeridad y precisión.
Ares, el dios de la guerra sería en esta peculiar comparación Javi Guerra (aunque en realidad el nuestro no es tan cruel con el enemigo como el griego), quien no perdona en el área rival.
Por último nos encontramos a Teseo, el Héroe que derrotó él solito a una banda de criminales en el camino hacia Atenas, que sería encarnado por el cancerbero Jaime Jiménez. Él es nuestro héroe y nuestro seguro de vida cuando todo parece perdido. Allí aparece siempre, sin acobardarse ante nadie y demostrando su valor y su experiencia en la categoría.
Todos los mitos, cuentos, historias y metáforas sirven básicamente para lo mismo: dar un sentido a la vida que nos haga soñar más allá de nuestra rutina diaria. Durante más de tres mil años hombres y mujeres han echado mano de estas y otras historias míticas con ese fin, aunque al final nos demos cuenta de que nuestra mente siempre busca la similitud adecuada en los mitos con la realidad que anhelamos.
Mi conclusión es otra también: el éxito no es sólo cosa de buenos guerreros, de dioses con poderes extraordinarios ni de héroes infalibles. Sólo la perfecta combinación de todos los factores adecuados (dirección, planificación, entrenamiento y ejecución) garantiza el éxito del equipo. Y colorín colorado, que 2011 (casi) se ha acabado.


Publicado en "El Norte de Castilla" el 29-12-2011

jueves, 22 de diciembre de 2011

19. Cuento de Navidad


Cuando Charles Dickens escribió en 1843 su famosa historia, seguro que no imaginaba que la triste pero aleccionadora metáfora del Señor Scrooge seguiría siendo plenamente actual dos siglos más tarde, y aplicada a nuestro club de fútbol.
Os invito a que cerremos los ojos y acompañemos al espíritu de las navidades pasadas a épocas en las que el Real Valladolid era un club largamente respetado en Primera División y fuera de nuestras fronteras. Ganador de una Copa de la Liga y dos veces subcampeón de la Copa del Rey, competía con orgullo castellano en la Recopa y en la UEFA por Europa. La nobleza y gallardía de los vallisoletanos -punto de partida de las carreras de mitos como Eusebio, Caminero o Fernando Hierro- dotaron al club de un gran prestigio al visitar otras plazas históricas como el vetusto Tartiere en Oviedo, San Mamés en Bilbao, el Villamarín de Sevilla, el gaditano Carranza, o los ya desaparecidos Sarriá en Barcelona o Atocha en San Sebastián.
En las navidades presentes, por el contrario, nuestro club está pasando por malos momentos. Dos temporadas en Segunda, falta de liquidez para pagar las nóminas de jugadores, canteranos y empleados, deudas asfixiantes, palos administrativos y un descenso notable en el número de abonados respecto a cifras de hace un par de años lo tienen sumido en una crisis institucional que amenaza severamente la existencia de la entidad.
El espíritu de las navidades futuras nos enseña una ciudad sin equipo profesional de fútbol (ni de baloncesto), que tuvo que desaparecer merced a varios embargos y deudas tras no conseguir el ascenso y que vaga por campos de Tercera y Segunda B intentando recuperar el prestigio perdido y sumido en los recuerdos de lo que otrora fue.
Sin embargo -como en el entrañable cuento victoriano- el fantasma de Jacob Marley nos enseña que el futuro está aún por ser escrito. El Pucela de hoy debe aferrarse con todas sus fuerzas a la esperanza y si el equipo sigue mejorando en juego y goles llegará al final de liga peleando por ocupar una de las dos plazas que le devolverán a la liga de los mejores. La ciudad también debe responder de nuevo. Aquellos que los últimos años se han conformado con ver al equipo por la tele o subir al estadio cuando se ha realizado alguna promoción especial, tienen ahora la oportunidad de arrimar el hombro al club de sus amores sacando un abono para la segunda vuelta que dotará de caja a la tesorería y dará derecho -si todo sale como debe- a ser protagonista de un ascenso que aleje a los fantasmas y malos espíritus de Zorrilla. Y entonces seremos felices y podremos al fin, comer una rica ración de perdices.



Publicado en "El Norte de Castilla" el 22-12-2011

jueves, 15 de diciembre de 2011

18. El valor del equipo


Con bastante frecuencia, estudiosos, técnicos, comentaristas y plumillas del fútbol resaltan con elogiosos epítetos la cualidad del juego en equipo que practica el F.C. Barcelona. En realidad, lo hacen casi siempre para contraponer este esquema de juego al del Real Madrid, añadiendo invariablemente la coletilla “que se apoya demasiado en sus individualidades pero no realiza juego de conjunto”.
En cualquier organización empresarial cobra una trascendencia fundamental un aspecto que normalmente no está en relación directa con la cifra de negocios o con la cuenta de pérdidas y ganancias: la capacidad para realizar trabajo en equipo. Este aspecto hace que se genere un verdadero sentimiento de piña entre los miembros del departamento, área o sección, que actúa como leitmotiv del negocio y lubricante de los pequeños roces que siempre surgen en las relaciones humanas. Prácticamente todo el mundo –eso sí- suele destacar en sus currículos y en las entrevistas de trabajo que tiene gran facilidad para el trabajo en equipo, aunque la realidad nos demuestra que no siempre es así. En el mundo del fútbol, me consta que los directores deportivos ponen especial relieve en este aspecto a la hora de plantearse un fichaje cuestionándose si ese jugador será conflictivo en el vestuario o si se llevará bien con sus compañeros.
Saco este tema a colación de la cara y cruz del partido del Real Valladolid en Alicante. A raíz de los elogios que se llevó merecidamente Víctor Pérez, que cuajó un sensacional encuentro con gol y asistencia incluidas habiendo sido criticado duramente por sus últimas actuaciones; y todos los palos que se llevó Nauzet Alemán por su chiquillada de protestar y dejar al equipo con un hombre menos casi toda la segunda parte, lo que ayudó a que perdiéramos la ventaja de 0-2 que teníamos al descanso. Si nuestra plantilla no tuviera espíritu de equipo, o si nuestros jugadores se llevaran mal entre ellos habría sido muy difícil que se hubiera visto que todos acudieron a abrazar a Víctor tras el gol o haber escuchado a Nau reconocer el lunes que metió la pata, que está arrepentido y que espera no volver a perjudicar a sus compañeros.
Se podrá ganar, empatar o perder, pero cuando a un jugador la pifia un día y el entrenador, los compañeros y la afición en vez de machacarle le arropan y reafirman su confianza en él, se consigue mucho más que pidiendo su cabeza. Cuando hay “un algo” común –y eso parece que Djukic lo ha conseguido- todo parece más fácil de lograr, aunque existan aún muchas aristas por limar y muchos córners por defender, aunque no tengamos al balón de oro ni seamos el Barça A ni el Barça B, al que –por cierto- vamos a ganar el sábado en casa para que sepan esos jovenzuelos de la Masía cómo las gastamos en Pucela; y que nosotros, aunque no seamos tan mediáticos y vistamos de blanco y violeta, también somos un verdadero equipo.


Artículo publicado en "El Norte de Castilla" el 15-12-2011

jueves, 8 de diciembre de 2011

17. La poción mágica


Hace unos días Yannick Noah (extenista francés) se preguntaba en un artículo en 'Le Monde' cómo puede una nación dominar de tal manera el deporte, con una superioridad equiparable a la que lograba el pequeño Astérix cuando bebía de la cantimplora la poción mágica que el druida Panorámix le había preparado para cargarse a unos cuántos romanos. Obviamente el pintoresco gabacho dejaba caer con sus palabras la sombra del dopaje sobre los éxitos conseguidos en los últimos años por nuestros compatriotas en tenis, fútbol, baloncesto, etc. Vamos, lo que en castellano viejo se ha conocido toda la vida como el «difama, que algo queda».
Más allá de estas grandilocuentes declaraciones, que como no se sustentan en prueba alguna no merecen por nuestra parte más que la indiferencia que se le otorga al envidioso, debemos quedarnos con el fondo de la cuestión. La respuesta de los éxitos en el deporte, llámese fútbol, baloncesto, tenis o ciclismo siempre hay que buscarla en el trabajo, la preparación, la planificación y la constancia. Para mí no existe otra poción mágica, quiero creer que las normas antidopaje son tan estrictas que actualmente ningún profesional con dos dedos de frente confiaría su suerte en una competición profesional a esa ayuda extra que con la misma facilidad le podría dar la gloria o hundir su carrera definitivamente.
Carlos Suárez tiene un plan, lamentablemente ninguna poción mágica. En la soledad de su despacho ordena sus datos y traza en su cuaderno la hoja de ruta que salvará al Pucela y a él mismo de la ruina, o le llevará irremediablemente a ella. Primero, cobrar deudas y generar ingresos; segundo, pagar a jugadores y empleados para cumplir con su palabra y evitar riesgos de descensos administrativos; tercero, solicitar la apertura de concurso de acreedores para garantizar liquidez hasta el final de la temporada y permitir un aplazamiento de la deuda con la Agencia Tributaria; cuarto, conseguir el ascenso directo; quinto, renegociar un nuevo contrato por los derechos de televisión para el año que viene; sexto, mantener el bloque actual de la plantilla con algunos retoques para la próxima temporada; y séptimo, dentro de unos años retomar el proyecto Arena desde cero incluyéndolo en el próximo Plan de Ordenación Urbana sin las dos losas que lo acaban de hacer fracasar: una modificación a la carrera de las normas urbanísticas y un escenario económico más favorable para la construcción y el comercio. Si todo sale según el plan previsto, el Real Valladolid del próximo lustro brillará con luz propia y se sostendrá sobre rocosos pilares. Sin embargo, si el balón no entra en la portería y nos paramos en la cuarta estación de nuestro trayecto, habrá que volver a empezar desde abajo.
Pase lo que pase los fieles seguiremos apoyando siempre a nuestro club aunque toda la Galia esté ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles pucelanos resiste todavía y siempre al invasor… ¡Y sin poción mágica!
Fran Arranz
Publicado en "El Norte de Castilla" el 8-12-2011

jueves, 1 de diciembre de 2011

16. Salvemos al Pucela



Un club de fútbol es mucho más que una empresa, lo hemos escuchado muchas veces. En él, los aficionados depositamos nuestros sueños e ilusiones; pero también nuestras decepciones y frustraciones. Durante todo el año cientos de padres primerizos suben a las oficinas del club con las pupilas aún temblorosas de la emoción, para abonar a su bebé recién nacido -incluso antes de inscribirlo en el Registro Civil- y en cuanto llegan al hospital de nuevo le plantan una bufanda blanquivioleta y le sacan una foto con el preciado carné en esa cunita adornada con nuestros colores.
El Real Valladolid siempre ha sido un club humilde, acostumbrado a vivir en el alambre muchas temporadas, cuadrando balances a costa de vender a quien despuntaba y volviendo a empezar, volviendo a armar un bloque, confiando la suerte del club en nuevos talentos con la etiqueta de «genio por descubrir». Ahora la situación es muy crítica en lo económico, tal y como era cuando llegó Marcos Fernández, o cuando se fue Ignacio Lewin.
¿Qué papel deben desempeñar los futbolistas? Obviamente cada uno debe analizar individualmente su situación, pero no olvidemos que si cada remero impulsa el barco en una dirección, este no se moverá del sitio. Yo me atrevo a pedirles que tengan altura de miras, o mejor, que miren por su propio interés, sean egoístas y piensen que siendo jugadores de un equipo de primera su caché valdrá el doble que siendo de segunda. Les ruego también que piensen en los empleados del club, en el aficionado vallisoletano de toda la vida que por mor de las circunstancias y de la crisis perdió su empleo hace meses y las únicas alegrías que tiene ya son las victorias de su Pucela y la ilusión viva por lograr volver a codearse muy pronto con los grandes y para el que pagar su abono supone un verdadero esfuerzo.
Se ha dicho muchas veces esta temporada que el grupo humano que se ha creado en el vestuario es uno de los mejores que ha tenido el club. Es ahora cuando los líderes naturales del equipo -Baraja, Rubio, Sisi, Nafti o Jaime entre otros- deben hacer valer su jerarquía y explicar a los más jóvenes que el Real Valladolid Club de Fútbol significa mucho más que esa camiseta albivioleta. Solo así podremos lograr el objetivo, que por mucho que nos distraigan, sigue siendo ganar cada partido y subir a primera. Si aficionados, prensa y club juntamos nuestras fuerzas seremos capaces de conseguir lo que nos propongamos. Recordando aquel lema de «una ciudad entera por un equipo de primera», ahora o nunca, #SalvemosalPucela.

Fran Arranz.
Publicado en El Norte de Castilla el 1-12-2011