España es un sitio peculiar. Hace unos pocos años todos estábamos acostumbrados a ver como máximo uno o dos partidos a la semana por televisión: el del sábado por la noche en TVE y el del domingo por la tarde para los afortunados que tuvieran Canal Plus. Nos conformábamos con ir a Zorrilla cada quince días a ver los partidos que el Pucela jugara en casa y conectar a las cinco de la tarde nuestro 'walkman' los demás días, para escuchar a los magos de las ondas.
Queríamos saber la temperatura en el Benito Villamarín, las alineaciones en Las Gaunas o el Plantío o el trío arbitral del Sadar. Este familiar soniquete de los locutores deportivos nos acompañaba invariablemente en el coche, al volver del pueblo de pasar el fin de semana con los abuelos.
Ahora todo aquello ya no es posible. El buen aficionado futbolero de hoy en día está abonado a una plataforma digital que le garantiza ocho partidos por jornada, a otra más para ver el noveno partido y toda la Champions y la Copa del Rey, y –por supuesto– no se pierde el partido en abierto de los lunes ni los partidos de segunda.
La canción 'Me gusta el fútbol', ya no dice «los domingos por la tarde es la mayor, de mis aficiones». Ahora dice: «Los sábados por la tarde, a las seis, a las ocho, a las diez, los domingos por la mañana, a las cuatro, a las seis, a las ocho menos cuarto, a las nueve y media, y los lunes por la noche, es la mayor, de mis aficiones…».
El forofo –que guarda celosamente en un cajón todos los carnés que ha tenido de su equipo– ha decidido que el próximo año no se saca el abono. Que le ponen muchos partidos los lunes por la noche y los martes entra a trabajar a la fábrica a las seis menos diez. Que prefiere verlo en el sofá, que si el partido es lento y no marcan pasa directamente del césped al quinto sueño sin tragarse el atasco de la salida del campo.
La realidad, señores y señoras, es que la avaricia ha roto el saco. Que los dueños de los derechos televisivos están echando al abonado de toda la vida de su estadio; poniéndole partidos en lunes, robándole horas al trabajo o al sueño, y pensando que de esta forma conseguirán colocar su producto «Liga de fútbol profesional» en el mercado asiático.
No se dan cuenta de que cuando echen a toda la gente de los estadios será la propia liga la que carezca de interés. Y en ese saco ya no quedarán más clubes que los poderosos a quienes esto no les afecta. Pobrecillos.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 13 de Septiembre de 2012

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