Noche del viernes 31 al sábado 1, 0:30 horas. En ese preciso momento sufrí uno de esos profundos chascos que sólo los muy forofos nos solemos llevar por culpa del equipo de nuestros amores y desvelos: no habíamos fichado a ningún jugador en la última semana del mercado, en contra de lo que había solicitado reiteradamente, y hasta «por lo civil y lo criminal» el entrenador; y parecía que el cielo se abriría sobre nuestras cabezas descargando toda clase de desgracias.
Los más críticos no tardaron en disparar en redes sociales y foros contra los de siempre. Principalmente contra el presidente, por su «reiterada y manifiesta incompetencia» y «sus interminables mentiras» sobre los fichajes que iban a llegar. También contra el director deportivo, porque no sabe hacer su trabajo además de por mentir al aficionado diciendo que estaban cerrados varios fichajes que finalmente no llegaron. Me fui a dormir con una mezcla de decepción y cabreo por el resultado final de la noche.
Me desperté el sábado por la mañana con otro ánimo y las ideas un poquito más claras. Por un lado comprendía la postura de Bueno y Manucho, que no desearon salir del club de cualquier manera y renunciando a unas fichas que hace años firmaron y que aún están en vigor. En su derecho están a que estas se respeten. Por otro lado también entiendo la posición de los administradores concursales y los gestores del club, que decidieron que en la situación económica en la que estamos, si no salían esos dos jugadores con las fichas más altas de la plantilla, no era conveniente fichar a nadie porque se sobrepasaría el presupuesto para salarios de la plantilla. Perfectamente comprensible.
Sin demasiado esfuerzo entiendo además al entrenador, que primero consideró que era mejor apartar a los futbolistas del grupo para mentalizarles de que lo mejor era que rescindieran su contrato y buscaran otro equipo, y una vez que no se pudo o no se autorizó fichar, les convocó para jugar enBilbao. No hacerlo hubiera sido tirar piedras contra su propio tejado.
En fin, que tras muchas idas y venidas la plantilla quizá no es la soñada por el entrenador o los aficionados, pero es la que hay, y con ella hay que estar. Mi convencimiento y mi pronóstico es que hay mimbres, y con la ayuda de todos conseguiremos la permanencia. El Real Valladolid como institución siempre estará muy por encima de intereses puntuales de presidentes, entrenadores, jugadores o aficionados, y al final solo el tiempo dirá si la planificación de esta temporada fue o no adecuada.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 6 de Septiembre de 2012
Imagen: Tangaroa.es

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