miércoles, 26 de septiembre de 2012

50. Paco, el de Preferencia



La primera vez que le vi me pareció ser un hombre sosegado, entrañable, sensato. Pelo canoso, media estatura, entre 60 y 65 años, hablador, afable. Apostaría mi bocata del descanso a que prejubilado de FASA. El otro día me enteré de que se llama Paco.
Se sienta un par de filas más arriba en el estadio. Al llegar, calienta motores comentando con sus vecinos la actualidad de la semana, las lesiones, o las declaraciones de algún jugador, mientras salen los jugadores, y hasta que el trencilla da comienzo al partido.
Reconozco que los dos primeros años en este sitio no le soportaba. Me sacaba de mis casillas, y muchas veces pensé en cambiarme de zona, o en darme la vuelta y decirle cuatro cosas bien dichas, porque se pasa desde el minuto 1 hasta el 90 sin cesar de hacer observaciones críticas de nuestro equipo. Frases como «Eso es lo que les gusta, los taconcitos» cuando Óscar se inventa un pase de espuela hacia Pérez, o «y otro pase atrás, otra vez» si Rubio se gira y entrega el balón a Rueda o Valiente.
Pero si Paco tiene una frase favorita, la número uno de su repertorio, esa es la de «¡balón perdido!» o «¡a que la pierde!» que proclama cada vez que Guerra, Ebert u Omar acarician el cuero (aún recuerdo perfectamente cómo emitió su catastrófica profecía, instantes antes de que Nauzet marcara el mejor gol de la temporada pasada ante Las Palmas). Paco tiene tanto seguidores incondicionales entre sus vecinos de asiento –que apostillan mordazmente cada uno de sus comentarios– como acérrimos detractores, por supuesto. Y entre ellos el caballero de mi derecha o los chicos de la fila de abajo, que para no dejarse cabrear por él, cada vez que los nuestros aciertan un pase o un tiro, lo alaban bien alto para que Paco se dé por aludido. Pero no sirve de nada. Él no les escucha y sigue igual.
Nadie podrá negar que Paco siente al Real Valladolid muy dentro de su corazón. Que sufre con cada derrota y goza con cada victoria aunque no haga otra cosa que criticarle durante los partidos. Pero os contaré un secreto. Cuando marcamos gol suelo girar la cabeza para mirarle de refilón y siempre le veo de pie, aplaudiendo y sonriendo. Él sabe que en el fondo nuestros futbolistas no son tan malos como dice. Y sí, lo confieso: tras tres años aguantándole he acabado por cogerle un cierto aprecio, casi cariño. ¡Pero por favor, no se lo digáis, que se lo cree!



Publicado en "El Norte de Castilla" el 27 de Septiembre de 2012

Imagen: valladoliddeporte.es

miércoles, 19 de septiembre de 2012

49. Romper el carnet



Me relataba el viernes por la tarde Borja Lara –exjugador blanquivioleta y actual gerente de la Fundación Municipal de Deportes–, una anécdota de la época en la que jugaba en el Pucela, a finales de los setenta. Me contaba que en aquella época era relativamente frecuente que, tras un chasco como el vivido el lunes contra el Betis, o tras un partido en el que nuestro equipo salía con la torrija y le enchufaban cuatro goles, algún aficionado de los de toda la vida se envalentonara delante de sus amigos o compañeros de trabajo o tribuna y tras proclamar solemnemente lo mantas que éramos, rompiera en mil pedazos su carnet de abonado. «Estos no me vuelven a ver el pelo» sentenciaba.
De esa peculiar manera ese gallardo hincha demostraba al mundo que él estaba muy por encima de esta pandilla de mediocres tuercebotas que no merecían llevar sobre el pecho el escudo de un equipo con la solera del Real Valladolid Deportivo.
A medida que pasaban los días de la semana y se acercaba el próximo encuentro, a nuestro amigo se le iba pasando el cabreo, de tal suerte que no era raro verlo en las oficinas del club el viernes inventando mil y una excusas para pedir un duplicado de su abono. «Me lo han robado, o lo he perdido, el caso es que no sé dónde está y mañana hay partido… ¿podrían hacerme el favor?» rogaba cabizbajo mientras le tramitaban un nuevo pase para ver el partido.
Traigo a colación esta historieta –que seguro habrá hecho sonreír a alguno–, porque el lunes pudimos observar de nuevo como en dos minutos pasamos del posible 1-0 en aquel remate que falla Omar, que nos hubiera puesto terceros en la tabla clasificatoria, al 0-1, pifia colectiva, desastre en cadena, fallo del linier (en el estadio pareció claro), fallo del portero que no bloca el balón, y fallo del defensa que se queda reclamando al árbitro en vez de seguir la jugada. Panolis.
El boquiabierto aficionado contempla el esperpéntico panorama sentado desde su localidad. No puede decir nada. Muchos salen bufando por los tornos de preferencia sin siquiera esperar el final del partido. «Somos unas madres» se escucha entre otros comentarios más pesimistas. «Mala suerte» dice alguno. Todos llegan a casa rondando la medianoche dando vueltas a la maldita jugada y pensando en romper su carnet. Pero no se preocupen, que no lo harán. El próximo domingo estarán ahí de nuevo.



Publicado en "El Norte de Castilla" el 20 de Septiembre de 2012

Imagen: todocoleccion.net

jueves, 13 de septiembre de 2012

48. La avaricia y el saco



España es un sitio peculiar. Hace unos pocos años todos estábamos acostumbrados a ver como máximo uno o dos partidos a la semana por televisión: el del sábado por la noche en TVE y el del domingo por la tarde para los afortunados que tuvieran Canal Plus. Nos conformábamos con ir a Zorrilla cada quince días a ver los partidos que el Pucela jugara en casa y conectar a las cinco de la tarde nuestro 'walkman' los demás días, para escuchar a los magos de las ondas.
Queríamos saber la temperatura en el Benito Villamarín, las alineaciones en Las Gaunas o el Plantío o el trío arbitral del Sadar. Este familiar soniquete de los locutores deportivos nos acompañaba invariablemente en el coche, al volver del pueblo de pasar el fin de semana con los abuelos.
Ahora todo aquello ya no es posible. El buen aficionado futbolero de hoy en día está abonado a una plataforma digital que le garantiza ocho partidos por jornada, a otra más para ver el noveno partido y toda la Champions y la Copa del Rey, y –por supuesto– no se pierde el partido en abierto de los lunes ni los partidos de segunda.
La canción 'Me gusta el fútbol', ya no dice «los domingos por la tarde es la mayor, de mis aficiones». Ahora dice: «Los sábados por la tarde, a las seis, a las ocho, a las diez, los domingos por la mañana, a las cuatro, a las seis, a las ocho menos cuarto, a las nueve y media, y los lunes por la noche, es la mayor, de mis aficiones…».
El forofo –que guarda celosamente en un cajón todos los carnés que ha tenido de su equipo– ha decidido que el próximo año no se saca el abono. Que le ponen muchos partidos los lunes por la noche y los martes entra a trabajar a la fábrica a las seis menos diez. Que prefiere verlo en el sofá, que si el partido es lento y no marcan pasa directamente del césped al quinto sueño sin tragarse el atasco de la salida del campo.
La realidad, señores y señoras, es que la avaricia ha roto el saco. Que los dueños de los derechos televisivos están echando al abonado de toda la vida de su estadio; poniéndole partidos en lunes, robándole horas al trabajo o al sueño, y pensando que de esta forma conseguirán colocar su producto «Liga de fútbol profesional» en el mercado asiático.
No se dan cuenta de que cuando echen a toda la gente de los estadios será la propia liga la que carezca de interés. Y en ese saco ya no quedarán más clubes que los poderosos a quienes esto no les afecta. Pobrecillos.


Publicado en "El Norte de Castilla" el 13 de Septiembre de 2012


jueves, 6 de septiembre de 2012

47. Noche y día



Noche del viernes 31 al sábado 1, 0:30 horas. En ese preciso momento sufrí uno de esos profundos chascos que sólo los muy forofos nos solemos llevar por culpa del equipo de nuestros amores y desvelos: no habíamos fichado a ningún jugador en la última semana del mercado, en contra de lo que había solicitado reiteradamente, y hasta «por lo civil y lo criminal» el entrenador; y parecía que el cielo se abriría sobre nuestras cabezas descargando toda clase de desgracias.
Los más críticos no tardaron en disparar en redes sociales y foros contra los de siempre. Principalmente contra el presidente, por su «reiterada y manifiesta incompetencia» y «sus interminables mentiras» sobre los fichajes que iban a llegar. También contra el director deportivo, porque no sabe hacer su trabajo además de por mentir al aficionado diciendo que estaban cerrados varios fichajes que finalmente no llegaron. Me fui a dormir con una mezcla de decepción y cabreo por el resultado final de la noche.
Me desperté el sábado por la mañana con otro ánimo y las ideas un poquito más claras. Por un lado comprendía la postura de Bueno y Manucho, que no desearon salir del club de cualquier manera y renunciando a unas fichas que hace años firmaron y que aún están en vigor. En su derecho están a que estas se respeten. Por otro lado también entiendo la posición de los administradores concursales y los gestores del club, que decidieron que en la situación económica en la que estamos, si no salían esos dos jugadores con las fichas más altas de la plantilla, no era conveniente fichar a nadie porque se sobrepasaría el presupuesto para salarios de la plantilla. Perfectamente comprensible.
Sin demasiado esfuerzo entiendo además al entrenador, que primero consideró que era mejor apartar a los futbolistas del grupo para mentalizarles de que lo mejor era que rescindieran su contrato y buscaran otro equipo, y una vez que no se pudo o no se autorizó fichar, les convocó para jugar enBilbao. No hacerlo hubiera sido tirar piedras contra su propio tejado.
En fin, que tras muchas idas y venidas la plantilla quizá no es la soñada por el entrenador o los aficionados, pero es la que hay, y con ella hay que estar. Mi convencimiento y mi pronóstico es que hay mimbres, y con la ayuda de todos conseguiremos la permanencia. El Real Valladolid como institución siempre estará muy por encima de intereses puntuales de presidentes, entrenadores, jugadores o aficionados, y al final solo el tiempo dirá si la planificación de esta temporada fue o no adecuada.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 6 de Septiembre de 2012

Imagen: Tangaroa.es