«Lo decidimos anoche. Vamos a ser todos muy felices». Proclamó el capitán Georg von Trapp a sus siete hijos, que visiblemente decepcionados no podían comprender cómo el recto militar había optado por la estirada y pedante baronesa Elsa Schroeder en vez de ir tras la encantadora institutriz María, que tenía encandilados a los niños y ante las dudas de sus sentimientos acababa de huir al convento.
La bella historia que en España se tituló 'Sonrisas y Lágrimas' –y que estos días hemos podido disfrutar en Valladolid con una magnífica interpretación en su versión musical– nos recuerda que finalmente la dulce María regresó a casa de los Trapp y el capitán aceptó sus sentimientos apartando sus prejuicios, lo que consolidó la unión de la familia.
La música que se escucha estos días en el José Zorrilla suena algo desafinada. Parece que el elenco de solistas se desinfla por momentos y algunos grumetes se rebelan contra su Capitán. Ciertas actitudes algo egoístas anteponen el lucimiento personal al bien colectivo, y al entrenador –que hasta la fecha siempre había tenido palabras de elogio para sus hombres– ahora no le duelen prendas en leer la cartilla en público a su jugador más determinante, provocando con ello una división de opiniones entre los atónitos aficionados.
Se hace necesario por ello que surja en este momento una figura aglutinadora del equipo. Alguien que como la novicia María consiga devolver la ilusión y las ganas de cantar como los ángeles a la orquesta blanquivioleta. Es el momento de que los capitanes: Baraja, Rubio, Sisi o Rueda, recuerden a los músicos de Zorrilla que hace muy poco fuimos capaces de interpretar las piezas más complejas y salir airosos de todas ellas, ganándonos la admiración del auditorio.
«No hay mayor expresión de amor que ver feliz a quien amas» explica orgullosa María a los niños cuando le preguntan por sus sentimientos hacia el capitán. Estoy seguro de que eso mismo piensan nuestros capitanes cuando ven como el desconcierto se apodera por momentos de equipo y afición. No pasa nada grave, hay tiempo para enderezar el rumbo.
Desde este humilde Rincón de Zorrilla quiero felicitar a toda la parroquia el treinta cumpleaños de nuestra otra casa, la de los días de partido.
Que los próximos treinta nos sigan deparando gestas y triunfos de los que escriben la historia con letras de oro. Que nos regalen muchas sonrisas, que demasiadas lágrimas ya hemos derramado estos últimos años.
Fran Arranz
Imagen: www.absolutaustria.com
Publicado en "El Norte de Castilla" el 23.02.2012



