Resulta cuanto menos curioso, si
no directamente impresentable, que un futbolista internacional de la talla de Sergio
Ramos, con el liderazgo que está demostrando año a año en la Selección y su
jerarquía en el Real Madrid, al finalizar el partido del sábado frente al Real
Valladolid, expresara ante los periodistas que «ya va siendo hora de que los
árbitros se equivoquen para bien». Sí, sí, han leído bien. El defensa estaba
pidiendo descaradamente que los colegiados se equivoquen más, pero a favor del
Real Madrid.
Me llama poderosamente la
atención la poca repercusión que se le ha dado a esta frase desde las
televisiones, medios escritos y radiofónicos madrileños que cubrieron el
partido; poniendo una y otra vez las imágenes que demuestran que no existía
fuera de juego en la jugada del gol anulado al defensa, quitando hierro a la
frase y justificándola, como si fuera lo más normal del mundo que un deportista
profesional abogue sin tapujos porque los árbitros le favorezcan, aunque sea de
manera injusta. Olé.
La banalización de estas frases
me resulta inaudita e increíble. Demuestra el grado de contaminación generalizado
que se vive en el entorno del Real Madrid, alentado por el entrenador a los jugadores
y con la complicidad de los medios que le siguen habitualmente. Una pena.
Ya va siendo hora de que se
despeje en las tertulias futboleras televisadas la sombra de la sospecha
permanente sobre los árbitros. No quiero ni pensar qué hubiera ocurrido si
hubiera sido el club blanco quien hubiera sufrido un error como el de Amoedo
Chas en el playoff de Elche.
Va siendo hora de que deportistas
de élite -que son tomados como ejemplo por millones de niños y jóvenes- se
dejen de conspiraciones paranoicas y se centren en estudiar cuáles son las
causas de que un recién ascendido con veinte veces menos presupuesto que el
Real Madrid le tuviera contra las cuerdas hasta el final del partido. Y no, esa
causa no fue que el árbitro se equivocara en esa jugada –que lo hizo, no había
fuera de juego- ni durante el partido.
No pasa nada. En Zorrilla estamos
acostumbrados a esas cosas (casi siempre nos pasa frente a los grandes) y al
descanso casi todos pensábamos que tarde o temprano el Madrid marcaría su
golito y nos dejaría compuestos y sin puntos. Pero que no se rían de nosotros,
por favor. Que el señor Ramos no oculte sus carencias defensivas a balón parado
y sus desastres tácticos tirando balones fuera y señalando al árbitro, en vez
de asumir los fallos propios. Ya va siendo hora.
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