«Un mago nunca llega tarde, ni pronto. Llega exactamente cuándo se lo propone». La enigmática frase -por si no la conocían- es de Gandalf, el mago que ayudaba a Frodo Bolsón en su cinematográfico viaje de la película «El señor de los anillos». Cuando la volví a escuchar el martes por la noche en la tele, no pude por menos que sonreír y pensar en nuestro mago particular, Óscar González Marcos. Esa frase podría estar pronunciándola el salmantino en tono solemne en el vestuario, con el resto de sus compañeros escuchando con atención en los instantes previos a un partido.
Me parece apropiado hablarles de él hoy, en vísperas del último encuentro de un gran año para el Pucela. A dos días de que nos visiten otros prestidigitadores más famosos y con más caché. Y lo hago porque él es el nuestro, el primer chaval que salió de la Residencia de Jugadores para triunfar en la máxima categoría con el primer equipo y fuera de él. Porque ha jugado en Champions League y porque desde que está de nuevo entre nosotros casi todos los domingos nos regala partidazos a un nivel estratosférico, de selección.
La suya es la historia del hijo pródigo que se fue hace una década y volvió hace un par de años. Nadie tiene duda alguna de que es el mejor jugador de nuestra plantilla, de la que además es actualmente su máximo goleador, siendo centrocampista.
Óscar ve el pase que los demás no ven. Sabe parar o acelerar el juego. Darse la vuelta y encontrar a un amigo. Salir con un regate genial de la presión de un defensa. Cuando él está, el equipo marcha. Cuando no, todos lo notan y el motor no carbura. Está probablemente en el mejor momento de su carrera. Pleno de madurez y de confianza, y con gasolina suficiente para ofrecernos dos o tres años más a un nivel muy alto. El espejo en el que se reflejan los chicos del B. Su calidad en ataque no está exenta de espíritu de sacrificio, de pelea, de lucha, o de esfuerzos defensivos cuando no tiene el balón.
No lo duden. El próximo sábado, cuando tenga delante a Xavi, a Messi o a Iniesta, a nuestro 10 no le temblarán las piernas. En su cabeza volverá a aparecer esa jugada, ese regate, ese disparo o ese pase al compañero que los demás ni imaginan. Porque nuestro mago nunca llega tarde ni pronto. Llega exactamente cuándo se lo propone.
Fran Arranz
Publicado en "El Norte de Castilla" el 20 de diciembre de 2012

