Cuando éramos críos nos gustaba
bromear en el colegio diciendo que Palencia era el barrio más grande de Valladolid.
Ahora, ya adultos, nos damos cuenta de que cada día muchos palentinos vienen a
trabajar a la capital y muchos pucelanos se acercan al Cerrato a cumplir su
jornada en una fábrica. Límites que en realidad no existen entre las dos
capitales de provincia más próximas de nuestro país.
El caso es que Valladolid y
Palencia, Palencia y Valladolid, han estado, están y estarán siempre muy
unidas. El mismo carácter seco y recio castellano, idéntica parquedad en
nuestras palabras, semejante rostro castellano viejo. Hermano mayor, y hermano
pequeño, hijos del mismo padre y de la misma madre.
Por compartir con los hermanos
palentinos hasta compartimos colores. De acuerdo, es verdad, nosotros preferimos
el violeta, y ellos el morado. Dos tonalidades del mismo agujero de la paleta
del pintor, que descienden del antiguo pendón de castilla, campo de gules
bermellón que la lluvia tiñó al morado que hoy portamos, y que incluso se
confunde en las zamarras pucelanas, cuyas barras son actualmente más moradas
que violetas, a diferencia de antaño.
Días difíciles para los amantes del
fútbol en Palencia. Se escuchan letanías fúnebres bajo el Cristo del Otero. El
administrador concursal (el mismo que tenemos nosotros) anuncia la liquidación
del club de fútbol de la ciudad; y delante de los micrófonos los periodistas
preguntan al capitán del equipo, que no es capaz de articular palabra.
El C.F. Palencia fallece joven,
víctima de errores y gestiones de otra época, que no entienden de sentimientos,
dejan de lado al deporte y reducen la pasión a fríos números, a una fórmula al
pie de una hoja de cálculo. Leo que con setenta mil euros podrían seguir
adelante. ¿Por cuánto tiempo? Hoy sabremos si es demasiado tarde o aún queda
esperanza. Parece una cantidad asumible y una inversión razonable para
cualquier empresa que quiera presentarse como la salvadora del equipo.
Cada uno de nosotros debería
pensar si merece la pena quejarse en Valladolid por cómo está siendo gestionado
nuestro club mientras observamos lo que le ha ocurrido a nuestro hermano
palentino. Paradojas de un destino cruel. La sensatez en la elaboración de la
plantilla, los sueldos adaptados a nuestros ingresos actuales, la promoción del
talento local, y en general, controlar cada euro gastado, son las únicas vías
para no vernos mañana como el Palencia, rogando caridad y llorando por la
desaparición de un sentimiento.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 15-11-2012

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