jueves, 15 de noviembre de 2012

57. Las barbas del vecino



Cuando éramos críos nos gustaba bromear en el colegio diciendo que Palencia era el barrio más grande de Valladolid. Ahora, ya adultos, nos damos cuenta de que cada día muchos palentinos vienen a trabajar a la capital y muchos pucelanos se acercan al Cerrato a cumplir su jornada en una fábrica. Límites que en realidad no existen entre las dos capitales de provincia más próximas de nuestro país.

El caso es que Valladolid y Palencia, Palencia y Valladolid, han estado, están y estarán siempre muy unidas. El mismo carácter seco y recio castellano, idéntica parquedad en nuestras palabras, semejante rostro castellano viejo. Hermano mayor, y hermano pequeño, hijos del mismo padre y de la misma madre.

Por compartir con los hermanos palentinos hasta compartimos colores. De acuerdo, es verdad, nosotros preferimos el violeta, y ellos el morado. Dos tonalidades del mismo agujero de la paleta del pintor, que descienden del antiguo pendón de castilla, campo de gules bermellón que la lluvia tiñó al morado que hoy portamos, y que incluso se confunde en las zamarras pucelanas, cuyas barras son actualmente más moradas que violetas, a diferencia de antaño.

Días difíciles para los amantes del fútbol en Palencia. Se escuchan letanías fúnebres bajo el Cristo del Otero. El administrador concursal (el mismo que tenemos nosotros) anuncia la liquidación del club de fútbol de la ciudad; y delante de los micrófonos los periodistas preguntan al capitán del equipo, que no es capaz de articular palabra.

El C.F. Palencia fallece joven, víctima de errores y gestiones de otra época, que no entienden de sentimientos, dejan de lado al deporte y reducen la pasión a fríos números, a una fórmula al pie de una hoja de cálculo. Leo que con setenta mil euros podrían seguir adelante. ¿Por cuánto tiempo? Hoy sabremos si es demasiado tarde o aún queda esperanza. Parece una cantidad asumible y una inversión razonable para cualquier empresa que quiera presentarse como la salvadora del equipo.

Cada uno de nosotros debería pensar si merece la pena quejarse en Valladolid por cómo está siendo gestionado nuestro club mientras observamos lo que le ha ocurrido a nuestro hermano palentino. Paradojas de un destino cruel. La sensatez en la elaboración de la plantilla, los sueldos adaptados a nuestros ingresos actuales, la promoción del talento local, y en general, controlar cada euro gastado, son las únicas vías para no vernos mañana como el Palencia, rogando caridad y llorando por la desaparición de un sentimiento. 



Publicado en "El Norte de Castilla" el 15-11-2012


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