jueves, 18 de octubre de 2012

53. Guerras de hoy



Minas, bombas, granadas. Campos de batalla. Generales detrás de una trinchera o en una tienda de campaña planeando el siguiente ataque al enemigo. Computando bajas y evaluando daños colaterales. Habilidades castrenses y  estrategia militar que han conseguido desde hace siglos ganar soberanías territoriales, conquistar plazas enemigas, someter y ampliar imperios. A fuerza de cañonazos, espadas o misiles.

En el siglo XXI algo ha cambiado. Políticos mediocres que tratan de pescar en río revuelto aprovechando situaciones críticas generalizadas y clásicas rivalidades futbolísticas para reclamar independencias, autogobiernos, o autodeterminaciones. Y para ello utilizan a algunos clubes, y lo que es peor, esos clubes no solo se dejan manejar sino que participan de la pantomima, dando la espalda a sus aficionados de otros puntos del planeta.

Directivos irresponsables a los que se les llena la boca proclamando países, participando en manifestaciones y reclamando derechos y banderas que no corresponde enarbolar a deportistas, porque ellos no representan a la ciudadanía. Nadie les votó para ello. Disfrazan sus espurias reivindicaciones con noble traje del deporte. Una pena que no aprendan el ejemplo de nuestra selección nacional, en la que vascos, canarios, castellanos, asturianos, catalanes, madrileños o gallegos, españoles de todos los rincones de nuestro país, reman juntos para llegar a ser campeones de Europa o del mundo. Esa no es mi guerra.

A veces pasamos por alto que el fútbol sólo es un pasatiempo, un deporte, un hobby para el que lo único que hace falta son dos jerséis que hagan de porterías y una pelota de papel de plata que minutos antes envolvía una merienda.

La guerra que yo quiero ver cada domingo se libra en un manto verde de césped, de 105 metros de largo por 68 de ancho. En ella dos ejércitos compuestos por once soldados y un general compiten por tres puntos sin más armas que sus botas, su preparación y su astucia. En su cuartel general preparan la estrategia, estudian la táctica, recogen a los caídos y aprenden de las derrotas.

Porque más allá de todo lo accesorio, esto nunca ha dejado de ser un juego. Con más o menos adornos, más o menos teles y más o menos asistentes a los estadios. Y quien quiera conseguir hoy victorias políticas debería presentarse a las elecciones, no servirse de las pasiones más profundas de los aficionados, de los sueños de los niños, del sudor de los futbolistas. No se lo merecen. No nos lo merecemos.




Publicado en "El Norte de Castilla" el 18 de octubre de 2012


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