Pasa en la vida igual que en el
fútbol. Celos profesionales, dudas razonables, o simplemente competencia,
suerte o talento. Seguro que no fue una decisión fácil para Djukic. Estoy
convencido de que le dio una y mil vueltas, lo pensó durante toda la semana y
al final llegó a la conclusión de que lo mejor para el equipo era poner bajo
los palos de la portería de La Rosaleda a Dani, el espigado venezolano que
venía de ser titular en su selección; en vez de a Jaime, el Zamora de segunda
que nos había conducido brillantemente al ascenso la temporada pasada.
El de portero es un puesto
peculiar en el fútbol. El más raro de todos. Siempre solo, sus fallos se notan
más que los de nadie. Siempre con el hándicap de que ahí sólo juega uno. El
todo o la nada. Estrella o desconocido.
Yo creo que hay que desdramatizar
un poco esta cuestión. Creo que no debemos hacer una tragedia o alimentar de
forma morbosa una polémica por este cambio. Al fin y al cabo un equipo es la
suma imperfecta de cada uno de los futbolistas que lo componen, cada uno con
sus virtudes y sus defectos, y si el entrenador es coherente y justo –cosa que
por el momento el nuestro ha demostrado-, ningún jugador debería sentir su
suplencia como algo personal.
Dani no fue titular el sábado sólo
por ser simpático, ni tampoco exclusivamente por los fallos de Jaime. Seguramente
lo fue porque se lo había ganado en los entrenamientos de toda la temporada, de
la pretemporada o de los partidos del play-off, sumado a que el manchego no
había dado demasiada seguridad al equipo en dos partidos. El venezolano fue el
titular porque el entrenador sólo puede ganarse al vestuario de una forma: siendo
justo con el grupo. Y demostrando que en este club ni hay nadie intocable en su
puesto, ni nadie está descartado para jugar. Ejemplos de esto último tenemos
muchos, gratas sorpresas en casi todos los casos.
El serbio nos ha demostrado
muchas veces ya que es capaz de cambiar de opinión y conceder una oportunidad a
quien se la gana, si se lo demuestran a base de trabajo.
Por todo ello hay que animar a Jaime
a que siga trabajando y desear a Dani que tenga suerte cuando juegue. La
competencia siempre es buena en la vida; y al fin y al cabo, como decía Vito
Corleone en El Padrino, «esto no es nada personal, son sólo negocios».


