Cada vez que viajo a Andalucía me acuerdo de aquel día y de aquella noche del 30 al 31 de mayo de 2009. Ilusionado pero muerto de nervios enfilé la calle Filipinos. Como en una procesión laica, aguardaban perfectamente alineados los quince autocares que debían conducirnos a la salvación o a segunda. El mío era el número 13. Mal presagio.
En mi espalda una mochila llena de sueños, una radio, un bocata, las bufandas de los días de partido y dos camisetas blanquivioletas. Me acomodé en el primer sitio libre que encontré. Cerré los ojos. A los pocos minutos estábamos en ruta. Reinaba el silencio y la tensión.
El viaje se desarrolló sin mayores contratiempos hasta que en el kilómetro 666 de la Autovía de la Plata, a 147 km de Sevilla, se escuchó un golpe seco. Había reventado un neumático. Perplejos, nos bajamos del bus y esperamos a la grúa. Nueve horas después de haber salido de Valladolid y con el gafe del autocar número 13 habiendo cumplido su tenebroso cometido, llegamos a orillas del Guadalquivir, por si no hubiera suficiente acongoje previo.
Nunca olvidaremos aquel partido. El pase de Víctor, el gol de Aguirre, las paradas de Asenjo. Las radios echando humo. "Culito apretado". La alegría final, los abrazos de gol y el llanto de la afición verdiblanca. La vuelta, agotados pero felices. La llegada a las 6 de la mañana. Una ducha y al trabajo. La moneda cayó de cara esta vez.
Aquel día nos demostramos a nosotros mismos que nunca hay que perder la fe, pero también que debimos asegurar la permanencia mucho antes, no dejar los deberes para el último día. Porque nuestro equipo muchas veces es como una novia esquiva, capaz de sorprenderte y emocionarte o de cerrarte la puerta en las narices. El verdadero amor, la auténtica pasión por unos colores o por un equipo de fútbol es así. «En la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte nos separe».
De las últimas visitas a Chapín hemos vuelto con un saco de goles en el maletero. En esta ocasión, cuando el autocar del Pucela -que pasea por España el lema de mi compañero Tony Pola "Corazón blanquivioleta, alma castellana"- pase por el kilómetro 666 de la A66, ninguna rueda estallará. El equipo está asentado y juega con criterio. El mal estudiante confía en la suerte y elige temas al azar. El bueno, por el contrario, sabe que preparando todas las preguntas lo más probable es que apruebe el examen. Y esta vez llevamos la lección aprendida. No hay gafe que valga. Ganaremos.
Fran Arranz
Publicado en "El Norte de Castilla" el 5.4.2012
No hay comentarios:
Publicar un comentario