jueves, 26 de abril de 2012

37. Cuentos de hadas



Cuando éramos pequeños nos gustaba escuchar historias de príncipes y palacios, de ranas y sapos, de palacios majestuosos y casitas de chocolate. Cuentos que no hacían sino evadirnos del mundo en el que vivíamos, provocando nuestra felicidad… y nuestras ganas de dormir por las noches.

Algunos pronto empezamos a cambiar esos cuentos de hadas por sueños en primera persona protagonizando grandes gestas y épicos triunfos en el deporte -ese deporte que practicábamos con tesón durante los quince minutos del recreo - seguros de ser nosotros quienes alcanzaríamos el éxito cuando fuéramos mayores.

Crecimos un poco más y ya no éramos los únicos protagonistas de nuestros cuentos. Nuestro equipo era lo máximo. Dormíamos, comíamos y estudiábamos (o mejor dicho, no estudiábamos) pensando en él. A esos cuentos empezaron pronto a sumarse otras preocupaciones: el trabajo, los exámenes, terminar la carrera, esa chica o ese chico que nos hacía perder el sueño. Nuestros cuentos eran una sucesión de historias de amor y odio eterno y profundo, llenos de contradicciones, miedos, llantos, risas, emociones y temores.

Y en esas estamos. Cada uno con sus cuentos y sus sueños de hoy en día, robándole un minuto a las preocupaciones de la vida, al problema laboral de turno o a la letra de la hipoteca; para repetir en nuestra cabeza la imagen del capitán blanquivioleta levantando un trofeo importante. Los mismos que de pequeños vimos a los nuestros jugar una final de la Copa del Rey, la Recopa de Europa, o la Copa de la UEFA y queríamos ser como Peternac, Fonseca, Caminero o Hierro… A día de hoy seguimos refugiándonos en los cuentos, aunque los protagonistas de hoy no monten a caballo ni luchen con dragones.

Aunque hayan pasado muchos años, de vez de cuando volvemos a cerrar los ojos; pensando a quién puede poner esta semana el míster por la banda derecha: Sisi, Felipe, Tekio... «Si me hubiera visto jugar a mí…» pensamos. Nos aferramos a las matemáticas, emborronamos un folio con cábalas de los partidos que quedan en casa y fuera, sumando tres aquí y esperando que ellos pierdan tres allá y la cosa no se tuerza, como en el famoso cuento… de la lechera.

Porque en los cuentos de los mayores algunas veces no se comen perdices. Y porque si no fuera por estas pequeñas-grandes alegrías que nuestro equipo nos da, nuestra vida sería más triste. Y colorín colorado, este cuento no ha acabado. Acabará en junio con un protagonista vistiendo una camiseta empapada y cantando “Banderas blancas y violetas, voces que cantan, goles y gestas…”




Fran Arranz
Imagen:  Castillo de Neushwastein (Alemania)



Publicado en "El Norte de Castilla" el 26.4.2012

jueves, 19 de abril de 2012

36. Presidencia y gestión



En el mundo globalizado en que vivimos, todas las empresas punteras han trabajado concienzudamente en los últimos años la optimización de sus procesos bajo el prisma de la mejora continua. Los clubes de fútbol, por el contrario, han estado y siguen mayoritariamente dirigidos por un perfil de empresario hecho a sí mismo, dueño de otras empresas que nada tienen que ver con el deporte (principalmente del sector inmobiliario), que toma las decisiones a base de impulsos a impulsos. Su falta de especialización, de preparación empresarial y técnica en cuestiones como la planificación estratégica o la definición de una línea de negocio adaptada al tamaño de la empresa que gestionan, ha provocado que una inmensa mayoría de los clubes del fútbol profesional de primera y segunda división española estén actualmente en una situación económica ruinosa y en peligro real de desaparición.
Sería conveniente que paulatinamente se fuera dando la responsabilidad de la gerencia de estos clubes a profesionales de la gestión, capaces de diseñar una estrategia adecuada, no a vendedores de humo que compran hoy lo que saben que mañana no podrán pagar, sabiendo en el fondo además que ese fichaje no les garantiza ningún resultado.
En el caso del Real Valladolid, también hemos padecido en los últimos años una falta de definición de proyecto -no por la falta de preparación de Carlos Suárez- sino quizá porque él no era el propietario y por lo tanto ni tenía la última palabra en las inversiones ni en los fichajes. Como todos saben, esta situación ha cambiado el pasado verano con la adquisición por él mismo de la propiedad del club.
Considero que en la temporada actual sí se ha producido una planificación adecuada, tanto en el plano económico como en el deportivo. De una parte, adecuando los gastos a los ingresos del club, preparándonos para la entrada en concurso de acreedores y haciendo un último esfuerzo por retener una temporada más a jugadores claves en el objetivo del ascenso (casos de Óscar, Bueno o Guerra). De otra, confiando el proyecto a un líder como Djukic que está transmitiendo unos valores y una imagen sólida de club.
Confío en que el trabajo en ambos campos acabe dando sus frutos en el mes de junio, logrando el ascenso y acordando con los acreedores un calendario de pagos que nos permita poco a poco encauzar una situación a la que nunca se debió haber llegado. En esa línea hay que seguir trabajando.



Fran Arranz
Imagen: www.directivos.wordpress.com



Publicado en "El Norte de Castilla" el 19.4.2012

jueves, 12 de abril de 2012

35. Los sueños y el destino



Cuando una persona desea realmente algo, el universo entero conspira para que pueda realizar su sueño. La frase no es mía, está extraída de la novela “El Alquimista”, de Paulo Coelho, el escritor brasileño que ha vendido más de 50 millones de libros en todo el mundo.

Yo leí este libro hace 15 años, cuando aún era un joven estudiante con la cabeza llena de pájaros, sin nada claro en la vida, pero con un montón de proyectos y de ilusiones, y me encantó. Os lo recomiendo. Cuenta la historia de Santiago, un joven pastor que dedica una gran parte de su vida en pos de cumplir un sueño, su “leyenda personal”, desafiando o escribiendo su propio destino, hasta que finalmente… Lo leéis, no os lo voy a desvelar.

Yo suelo utilizar, de manera mucho más prosaica, la manida frase que indica que para conseguir cualquier cosa en la vida sólo hacen falta dos cosas: tiempo y ganas. Y a fe que nuestro equipo tiene tiempo suficiente aún para lograr el objetivo y demuestra en cada partido –especialmente en los cinco últimos ante Elche, Almería, Numancia, Las Palmas y Xerez- unas evidentes ganas de triunfar.

Del partido del pasado sábado -que tuve la fortuna de vivir en directo- sólo diré que vencimos con la solvencia que tienen los grandes, que se percibe que todos nuestros futbolistas juegan más tranquilos y más cómodos cuando está el 10 (Óscar) en el campo, y que la victoria fue tan apabullante y merecida como justa. Tras nuestros dos primeros goles, el rival dejó de creer en sí mismo. Y al final cayó goleado precisamente por “bajar los brazos”.

De las diez finales que nos quedan sólo diré que el Real Valladolid depende de sí mismo. Y añado -compartiendo plenamente la teoría del autor de “El Alquimista”- que cuando pones todo tu empeño, tu ilusión y tu pasión en llevar a cabo la tarea, parece que todos los planetas del universo se alinean para que lo consigas.

Sin embargo, no caigamos en una falsa euforia ni en el error de creer que todo está ya hecho porque lo mejor y lo más duro falta aún por llegar. La historia del fútbol nos ha demostrado en demasiadas ocasiones que cuando un equipo está arriba en la tabla (en este caso Celta o Deportivo) y ven que viene otro por detrás como una moto, las piernas comienzan a flaquear víctimas del pánico a perder la posición de privilegio. Espero que hayamos aprendido la lección y no aflojemos en esta cuenta atrás para el ascenso. 

Fran Arranz





Publicado en "El Norte de Castilla" el 12.4.2012

jueves, 5 de abril de 2012

34. Kilómetro 666



Cada vez que viajo a Andalucía me acuerdo de aquel día y de aquella noche del 30 al 31 de mayo de 2009. Ilusionado pero muerto de nervios enfilé la calle Filipinos. Como en una procesión laica, aguardaban perfectamente alineados los quince autocares que debían conducirnos a la salvación o a segunda. El mío era el número 13. Mal presagio.
En mi espalda una mochila llena de sueños, una radio, un bocata, las bufandas de los días de partido y dos camisetas blanquivioletas. Me acomodé en el primer sitio libre que encontré. Cerré los ojos. A los pocos minutos estábamos en ruta. Reinaba el silencio y la tensión.
El viaje se desarrolló sin mayores contratiempos hasta que en el kilómetro 666 de la Autovía de la Plata, a 147 km de Sevilla, se escuchó un golpe seco. Había reventado un neumático. Perplejos, nos bajamos del bus y esperamos a la grúa. Nueve horas después de haber salido de Valladolid y con el gafe del autocar número 13 habiendo cumplido su tenebroso cometido, llegamos a orillas del Guadalquivir, por si no hubiera suficiente acongoje previo.
Nunca olvidaremos aquel partido. El pase de Víctor, el gol de Aguirre, las paradas de Asenjo. Las radios echando humo. "Culito apretado". La alegría final, los abrazos de gol y el llanto de la afición verdiblanca. La vuelta, agotados pero felices. La llegada a las 6 de la mañana. Una ducha y al trabajo. La moneda cayó de cara esta vez.
Aquel día nos demostramos a nosotros mismos que nunca hay que perder la fe, pero también que debimos asegurar la permanencia mucho antes, no dejar los deberes para el último día. Porque nuestro equipo muchas veces es como una novia esquiva, capaz de sorprenderte y emocionarte o de cerrarte la puerta en las narices. El verdadero amor, la auténtica pasión por unos colores o por un equipo de fútbol es así. «En la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte nos separe».
De las últimas visitas a Chapín hemos vuelto con un saco de goles en el maletero. En esta ocasión, cuando el autocar del Pucela -que pasea por España el lema de mi compañero Tony Pola "Corazón blanquivioleta, alma castellana"- pase por el kilómetro 666 de la A66, ninguna rueda estallará. El equipo está asentado y juega con criterio. El mal estudiante confía en la suerte y elige temas al azar. El bueno, por el contrario, sabe que preparando todas las preguntas lo más probable es que apruebe el examen. Y esta vez llevamos la lección aprendida. No hay gafe que valga. Ganaremos.




Fran Arranz

Publicado en "El Norte de Castilla" el 5.4.2012