Pocas cosas existen tan volubles
como el ánimo, esa poderosa fuerza que te hace capaz de todo o te hunde en la
miseria de tus propios miedos en un instante.
En España en general y en
Valladolid en particular somos muy de extremos. Pasamos del cielo al infierno
en el tiempo que tarda un balón en salir lamiendo el palo izquierdo del portero
del Celta, que éste saque en largo y en la siguiente jugada nos marquen gol.
Más o menos unos cuarenta segundos. Suficiente para que nuestra mente pase de
saber confiada que somos los mejores (y que tiemblen los demás) a asumir con
castellana resignación que todo está perdido y debemos olvidarnos del ascenso
directo. Así es la vida.
Por si fuera poco, te vienes
abajo y comienzas a descender por una espiral de negatividad en la que sólo
aprecias lo malo que te ha pasado y lo desgraciado que eres, menospreciando
todo lo bueno que aún estás a tiempo de conseguir. Parece que nos quedamos
satisfechos asumiendo nuestra propia desgracia, y además, osamos llamar loco o
iluso a aquél que se empeña en mantener la fe, viendo lo positivo y recordando
que mientras haya vida debe haber esperanza.
¡Arriba ese ánimo, amigos!
Pensadlo de esta forma: nos quedan aún ocho partidos en casa y siete fuera.
Celta y Deportivo deben enfrentarse entre ellos y nosotros debemos visitar
Riazor. Si nos ponemos a tres puntos del equipo coruñés, ¿de verdad nadie cree
que podemos dar la vuelta a la tortilla de la clasificación?
¿Acaso ellos van a
ganarlo todo? No es momento de desanimarse, aflojar, o dejarse llevar por el
negativismo. Como decía Napoleón Hill, si piensas que vas a perder, ya has
perdido.
Nada menos que cuarenta y cinco
puntos restan por jugarse. Todo aún por decidir. Y como alguno piense antes de
tiempo que ya ha logrado el ascenso y se ponga a festejarlo, sabemos lo que le
va a pasar.
Hoy no debemos agobiarnos
pensando si vamos a subir directamente o a jugar el play-off. Hoy debemos
pensar en el Elche, próximo rival, aquéllos que convirtieron nuestro sueño en
pesadilla. Los que se quitaban la bota y tiraban balones fuera para
desquiciarnos porque nos sabían mejores. Hacerles frente sin complejos, con
orgullo. Seguros de que -aunque a veces en el fútbol o en la vida gane el más
pillo o el que menos lo merezca- a la larga el esfuerzo y la honradez te
conducen al éxito. Porque eso es así.
Fran Arranz
Imagen: www.aramis.es
Publicado en "El Norte de Castilla" el 8.03.2012
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