Cuentan que existe un selecto grupo de altos directivos (presidentes y directores generales) de las más grandes empresas del país -lo llaman 'el club de las cinco'- que tienen por costumbre acudir a su despacho todos los días en torno a las cinco de la mañana, cuando las calles están vacías de coches y llenas de silencio y tranquilidad. De esa forma, y con el sonoro silencio de la oficina desierta, sacan un café de la máquina, y sin que ninguna inoportuna llamada telefónica les moleste, encienden el ordenador y aprovechan para leer tranquilamente los correos electrónicos pendientes del día anterior, respondiéndolos uno por uno.
Así, cuando a las siete o las ocho de la mañana empiezan a llegar a las oficinas técnicos, administrativos, comerciales y todas las demás personas que trabajan en la compañía, el jefe o la jefa ya les lleva al menos un par de horas de ventaja, tiene el trabajo y la agenda del día organizada y las ideas más claras que nadie. Van por delante de ellos.
Sisinio González, Sisi para los amigos, parece uno de ellos. Pese a su menuda estatura, él es indiscutiblemente uno de los jefes del vestuario. Su capacidad de liderazgo es incuestionable. Da la impresión de que cuando los demás llegan a entrenar o a jugar él ya lleva allí dos horas. Luego durante el partido, corre, se ofrece, dribla, pasa, juega, tira, se anticipa al contrario como si supiera lo que este va a hacer, y lo más importante, acude a levantar el ánimo del colega que acaba de pifiarla; no pasa nada, él solo se enfada consigo mismo si llega tarde a un balón o si un contrario mucho más corpulento le desequilibra y acaba por los suelos. A los cinco minutos está dando guerra de nuevo. El recital que nos dio el martes en el partido frente al Alcoyano solo fue uno más de los que nos tiene acostumbrados. Sin duda alguna está en uno de los mejores momentos de su carrera como futbolista. Sisi sería un gran jefe de cualquier empresa. De hecho ya lo es.
No es el único, por supuesto. En el particular 'club de las cinco' del Pucela también está Jaime, otro gran jefe que se pasa el partido dando voces a sus compañeros para que estén siempre centrados. Se anticipa a los problemas y da confianza a los defensas. Y por supuesto Nafti, que este año ha asumido a la perfección sus galones de Director de Orquesta.
El liderazgo es una habilidad social que se puede aprender y mejorar, pero hay algunas personas en nuestro equipo que de forma innata nos demuestran que tienen no solo el mando, sino también la autoridad para ser respetados por todos, dado el nivel de compromiso y responsabilidad que demuestran en el desempeño de su trabajo. Bravo por ellos.
Fran Arranz
Publicado en "El Norte de Castilla" el 27/10/2011
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