jueves, 17 de enero de 2013

63. La olla de oro



Cuenta la leyenda que bajo cada uno de los extremos del arcoíris se encuentra escondida una olla repleta de monedas de oro. Quien la encuentre será inmensamente rico. Eso dice el cuento infantil, pero así debe ser en realidad, puesto que el pasado sábado, entre los rayos de un tímido sol de enero y el agua briosa de un tempranero chaparrón, hizo acto de presencia en Zorrilla tan apreciado fenómeno meteorológico.

Apareció el arcoíris en el estadio vallisoletano como por arte de magia, precioso, imponente, soberbio. Naciendo del mismo césped del terreno de juego, más o menos en la posición teórica de interior izquierda según atacaba el Pucela en la primera parte, en la zona de tres cuartos de campo, entre el medio campo y la línea de cal de la Preferencia B. Esa zona del campo que míticos blanquivioletas hicieron suya tantas tardes de domingo desde principios de los ochenta. La misma en la que recuerdo hace muchos años haber visto a un joven Amavisca fintar y regatear hasta al árbitro o más recientemente al pequeño Sisi salir llorando porque su hombro había vuelto a descolocarse en vísperas de un frenético playoff.

Surgió el multicolor para alumbrar desde su base a un germano genial, rubio como el oro del caldero que se halla escondido, que se cambió de banda para sorprender al rival y soltar un misil tierra-red que voló desde su Postdam natal a la escuadra derecha de la portería del fondo sur.

Y Carlos Suárez sonrió al fin. Un fichaje que abrió portadas y telediarios al día siguiente, que ha resultado un crack. No costó nada y de momento ya le ha reportado muchos puntos al saldo de nuestro equipo. Tras todo eso, la esperanza de que siga a este nivel muchos partidos y la aspiración del presidente de poder traspasarlo algún día a un club más rico dejando un buen rédito para la maltrecha economía blanquivioleta. Y la suya, claro, que para eso es el máximo accionista.

Esperemos que el bravo alemán haga de oro al presidente algún día; pero a nosotros nos hará felices mientras siga en el Real Valladolid, cuantos más años mejor. Hemos encontrado la olla de oro que había escondida en la base del arcoíris. Espero que sepa digerir el salto a la fama con serenidad y sin aflojar ni un ápice el esfuerzo y las ganas. Porque la calidad la tiene, pero de monedas devaluadas y de estrellas estrelladas sabe mucho este país en general, y este club en particular. Y el día menos pensado llega un nubarrón, se lleva el arcoíris, y nadie sabe nada de ningún tesoro ni de ninguna olla. 


Publicado en "El Norte de Castilla" el 17-01-2013

Foto: M. A. Santos en "El Norte de Castilla"

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