jueves, 24 de enero de 2013

64. Dinámica positiva






Intento contemplar con un poco de distancia la trayectoria del Real Valladolid por la presente temporada y la comparo con otras que están aún muy frescas en mi cabeza. Me acuerdo bastante bien de casi todas desde el verano de 1995, fecha en que mi abuelo me regaló mi primer carnet del Pucela, y observo con relativa tranquilidad la situación actual de nuestro equipo en la tabla. Le veo jugar fluido, manejando bien los tiempos, sin ponerse nervioso. Sabiendo que nuestros goles llegarán y la defensa funcionará. La famosa dinámica es positiva tanto en el club como en la ciudad.
Me acuerdo por el contrario de las malas sensaciones que transmitía la plantilla de hace tres años, cuando íbamos a dar ese «salto de calidad» y nos la pegamos estrepitosamente. Aquel ambiente enrarecido de sanciones, indisciplinas, salidas nocturnas y falta de compromiso.
Veo esa misma confusión y desconcierto hoy en otros conjuntos de la parte baja. No quiero citar a ninguno, pero se me ocurren varios candidatos para las tres plazas de descenso, lo que me tranquiliza. Contemplo con alivio que de los tres que ascendieron a Primera División –Valladolid, Deportivo y Celta– somos claramente quienes mejor le han cogido el aire a la categoría, mientras otros dan tumbos. Están en una mala racha en la que el último pase siempre se pierde por la línea de fondo, los remates se van al palo y los árbitros se equivocan en su contra. Se enfada la afición y se ponen nerviosos los directivos. Pasan semanas sin ganar un partido, parece que han entrado en barrena.
Y respiro. Miro lo que tenemos nosotros y siento tranquilidad porque veo que el que pone a los jugadores saca petróleo de un charco, el que ficha ha conseguido que la gran mayoría de los fichajes hayan sido un éxito, los que juegan se dejan la piel en el campo cada partido y salen concentrados desde el minuto uno, los suplentes cumplen y los que están encargándose de controlar los gastos y sacarnos del concurso de acreedores también trabajan con sensatez. Se percibe la calma en el club, pese a la necesidad imperiosa de fichar, pese a las dificultades económicas, o pese los horarios infernales a los que nos somete la Liga cada dos por tres.
Se empieza a transmitir esa tranquilidad a los aficionados. El domingo por primera vez en esta temporada salí del estadio convencido de que este año no bajamos. Pero ojo, que aquí el que se relaje un segundo lo paga, y como decía mi abuelo de los de su pueblo, «el más tonto hace relojes de madera, y andan».

Fran Arranz

Publicado en El Norte de Castilla el 24 de Enero de 2013

jueves, 17 de enero de 2013

63. La olla de oro



Cuenta la leyenda que bajo cada uno de los extremos del arcoíris se encuentra escondida una olla repleta de monedas de oro. Quien la encuentre será inmensamente rico. Eso dice el cuento infantil, pero así debe ser en realidad, puesto que el pasado sábado, entre los rayos de un tímido sol de enero y el agua briosa de un tempranero chaparrón, hizo acto de presencia en Zorrilla tan apreciado fenómeno meteorológico.

Apareció el arcoíris en el estadio vallisoletano como por arte de magia, precioso, imponente, soberbio. Naciendo del mismo césped del terreno de juego, más o menos en la posición teórica de interior izquierda según atacaba el Pucela en la primera parte, en la zona de tres cuartos de campo, entre el medio campo y la línea de cal de la Preferencia B. Esa zona del campo que míticos blanquivioletas hicieron suya tantas tardes de domingo desde principios de los ochenta. La misma en la que recuerdo hace muchos años haber visto a un joven Amavisca fintar y regatear hasta al árbitro o más recientemente al pequeño Sisi salir llorando porque su hombro había vuelto a descolocarse en vísperas de un frenético playoff.

Surgió el multicolor para alumbrar desde su base a un germano genial, rubio como el oro del caldero que se halla escondido, que se cambió de banda para sorprender al rival y soltar un misil tierra-red que voló desde su Postdam natal a la escuadra derecha de la portería del fondo sur.

Y Carlos Suárez sonrió al fin. Un fichaje que abrió portadas y telediarios al día siguiente, que ha resultado un crack. No costó nada y de momento ya le ha reportado muchos puntos al saldo de nuestro equipo. Tras todo eso, la esperanza de que siga a este nivel muchos partidos y la aspiración del presidente de poder traspasarlo algún día a un club más rico dejando un buen rédito para la maltrecha economía blanquivioleta. Y la suya, claro, que para eso es el máximo accionista.

Esperemos que el bravo alemán haga de oro al presidente algún día; pero a nosotros nos hará felices mientras siga en el Real Valladolid, cuantos más años mejor. Hemos encontrado la olla de oro que había escondida en la base del arcoíris. Espero que sepa digerir el salto a la fama con serenidad y sin aflojar ni un ápice el esfuerzo y las ganas. Porque la calidad la tiene, pero de monedas devaluadas y de estrellas estrelladas sabe mucho este país en general, y este club en particular. Y el día menos pensado llega un nubarrón, se lleva el arcoíris, y nadie sabe nada de ningún tesoro ni de ninguna olla. 


Publicado en "El Norte de Castilla" el 17-01-2013

Foto: M. A. Santos en "El Norte de Castilla"

viernes, 11 de enero de 2013

62. Año nuevo, vida vieja



Hay cosas en la vida que todos sabemos que van a ocurrir antes de que se produzcan. Es algo inevitable, como el invierno que sigue al otoño o el verano que llega tras la primavera. O como esos sábados de adolescencia en los que llegabas a casa más tarde de la hora y sabías que tu padre estaría en el salón, con la luz encendida y cara de pocos amigos, preguntándote con mirada inquisidora qué narices hay por la calle a esas horas de la madrugada.
Y el año nuevo ha vuelto a traer a la parroquia pucelana ese espíritu gruñón, resignado y pesimista que nos ha caracterizado desde siempre, quizás junto a las nieblas que estos días impregnan silenciosamente nuestra ciudad. Sin duda la frase más escuchada en los corrillos de aficionados es aquella que lamenta solemnemente que «como no fichemos a cuatro o cinco jugadores en enero, este año nos vamos a Segunda».
Los que dicen eso, aunque puedan tener razón, adolecen de falta de perspectiva. Perspectiva, visión y realismo para interiorizar dónde y cómo estábamos hace un año y dónde estamos hoy. Nadie duda de que son necesarios refuerzos y que nuestra plantilla es justa en efectivos en algunas posiciones. Es evidente. Todo irá mejor si los refuerzos llegan en tiempo y forma, pero –siendo ello cierto– si por el motivo que fuera al final no es posible fichar a cuatro o a cinco futbolistas y vienen solo uno o dos, ni el mundo se habrá acabado, ni estaremos descendidos de antemano.
Conviene recordar que este entrenador fue contratado para sentar las bases de un proyecto que diera estabilidad de futuro al conjunto del club, siendo conscientes de nuestras limitaciones económicas y de la deuda que arrastramos del pasado. Y está cumpliendo.
Una vez aquí, yo creo que se reforzará al equipo con dos o tres futbolistas más. Y confío en que el buen juego demostrado durante gran parte de la primera vuelta se repita en los próximos meses. Recordando que tenemos el presupuesto más bajo de primera pero comprobando que las incorporaciones que en verano trajo la dirección deportiva están resultando mayoritariamente acertadas. Ebert, Rukavina, Omar o Sereno demuestran que algo está cambiando en nuestro club, y que para fichar bien no hace falta fichar caro.
Démosle por ello un voto de confianza al club y pidámosle al nuevo año que las lesiones nos respeten. Si eso se cumple 2013 será un gran año, seguro. Y los desconfiados volverán a renovar su abono un año más por mucho que ahora rezonguen. Ya lo verán.
Fran Arranz
Publicado en "El Norte de Castilla el 10 de enero de 2013