Decían los romanos que para ser un buen emperador no solo es necesario tener 'potestas' (poder socialmente reconocido), sino también 'auctoritas' (autoridad moral que se les reconoce a los auténticos líderes espirituales) sobre sus pupilos.
Ese intangible, esa minúscula diferencia que trae locos a los asesores de imagen de los políticos que aspiran a cualquier cargo público, sea el de presidente del gobierno…. o el de la comunidad de vecinos. Porque con carisma, autoridad o liderazgo será más fácil ganarse la confianza de los votantes una legislatura tras otra.
Llegados a este punto, nombraré a tres entrenadores que en los últimos treinta años han marcado un estilo en la historia del Real Valladolid.
No solo por su forma brillante de ordenar alfiles, damas y peones sobre el damero de césped, sino especialmente por manejar, liderar y guiar al grupo con maestría: esos tres entrenadores son Vicente Cantatore, José Luis Mendilibar y Miroslav Djukic.
El serbio ha aplicado a la perfección durante la temporada todas las teorías del 'management' y del 'coaching' para la gestión de grupos. Empezando por el «I do, we do, you do», es decir: la mejor forma de enseñar a alguien a hacer algo es hacerlo primero el jefe, después juntos (jefe y pupilo), y finalmente delegar en el colaborador la tarea dándole autonomía y confianza. Dicho y hecho. Ha conseguido hacer de Jesús Rueda uno de los mejores centrales de la categoría, de Balenziaga un polivalente lateral utilizable por ambos costados, de Sisi un lateral con proyección en situaciones de emergencia ofensiva, o de Manucho alguien que no solo hace gracietas y avioncitos sino que aporta su granito de arena al grupo y marca goles importantes. (Y por favor, olvidemos ya el que marcó ante el Hércules en propia puerta).
Esa autoridad, ese intangible más allá de la potestad legal o socialmente reconocida de la que se inviste el cargo de entrenador de un equipo profesional, es aquello que le faltó el año pasado a Antonio Gómez o a Abel Resino. Y no solo eso. Esa autoridad es la que mete en la dinámica al grupo y consigue que sus futbolistas, como apunta en una brillante metáfora mi amigo Jesús Moreno esta semana en blanquivioletas.com, se suban a sus pupitres como los alumnos de John Keating (El Club de los Poetas Muertos) y con lágrimas en los ojos proclamen a los cuatro vientos: «¡Oh, capitán, mi capitán!».
Para mí esa es la principal clave del triunfo de este Real Valladolid: un estilo de mando sereno, firme, cercano, responsable, coherente y sobre todo, comprometido con el club humilde al que defiende.
Gracias, Miroslav.
Fran Arranz
Foto: Fichajes.net
Publicado en "El Norte de Castilla" el 21.6.2012

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