Cayo Julio César, el más flamante líder militar y político romano, no podía esperar que la de su protegido Marco Junio Bruto (no hijo, como erróneamente se cree) fuera la mano que empuñaba la daga que lo asesinó. Y dice la leyenda que unas de sus últimas palabras fueron precisamente las que titulan este escrito, que significan «¡Tú también, hijo mío!» y reflejan el estupor que debió sentir en ese crítico momento.
Tan difícil como saber entrar a una empresa es saber salir de ella con elegancia. En las últimas semanas hemos tenido ejemplos para todos los gustos. Profesionales intachables que han comprendido (aunque no necesariamente compartan) la decisión que el club ha adoptado sobre su no renovación; y otros, quizá igual de profesionales, que han preferido salir dando un portazo o desahogándose vía redes sociales, o simplemente han fichado por otro equipo pese a haber anunciado que se quedaban.
Especialmente significativas me han parecido dos. En primer lugar, el caso de Millán Vieco, ojeador que ha estado trabajando seis meses en el club. En el cerrado y elitista mundo del fútbol profesional -tal y como reconoce en la entrevista que ayer concede en estas páginas- no creo que resulte especialmente atractivo contratar a una persona que sale aireando trapos sucios o al menos efectuando comentarios poco elegantes de su ex equipo. También ha criticado en su Twitter el eslogan "Somos Valladolid" con el argumento de que él es de la tierra y ha sido despedido mientras que otros de fuera se quedan. Dudar de que gente como Marcos siente y es Valladolid me parece un despropósito, pero en fin, él sabrá.
El otro caso que me deja perplejo es el de Felipe Alfonso, un canterano de 18 años, muy querido por la afición que sigue a nuestras jóvenes promesas. El club, a través de su entrenador y de su responsable deportivo anunció públicamente a primeros de año que contaba con él y le ofreció renovar igual que a Navas, Mongil o Tekio. Él comentó que había acuerdo. No comprendo en qué punto se rompen las negociaciones ni por parte de quien, cuando el resto de sus compañeros renuevan y él acaba por anunciar que ficha por el Villarreal B. Alguien debe reflexionar profundamente sobre este caso.
Julio César no esperaba que Bruto acabara con su vida, y probablemente el Real Valladolid no esperaba que después de haber llegado a un acuerdo Felipe, él fichara por otro club o que Millán Vieco criticase públicamente la decisión de su no renovación. En todo caso, la vida sigue y cada uno se labra su propio camino. Suerte para todos.
Fran Arranz
Foto: Imperivm.org
Publicado en "El Norte de Castilla" el 28.6.2012


