jueves, 3 de mayo de 2012

38. Bajo el dintel



Dos amigos tratan de sacar la mesa de la cocina para llevarla al salón. «Esta noche vendrá gente a cenar y seremos bastantes, hará falta otra mesa» piensan. En esto que otros dos colegas abren la puerta de casa y desde el pasillo escuchan a los primeros dentro de la cocina, intentando mover la mesa encajada bajo el dintel de la puerta, atascados. «Os ayudamos» comentan desde el pasillo y se ponen los cuatro, dos a cada lado, a intentar lograr el objetivo. Cinco minutos más tarde uno de los que está dentro dice –harto de no conseguirlo– «da igual, mira, la dejamos dentro», a lo que los dos que están afuera se miran perplejos el uno al otro y dicen al unísono «¿Dentro? ¿cómo? Pero, ¿no estábais metiendo la mesa a la cocina?».
El escenario descrito representa la viva imagen de lo que ocurre en un equipo cuando cada uno de los miembros va por su lado y no comparten el objetivo ni tienen quien les guíe con armoniosa batuta de director de orquesta. Individualmente podrán ser muy buenos, pero ni juegan como equipo ni consiguen resultados.
Esa perfecta coordinación entre los futbolistas –que saben a lo que juegan y lo desempeñan a las mil maravillas– es la principal virtud de este Real Valladolid. Cuando el bravo Sisi tiene que salir a jugar de lateral derecho, puesto en el que nunca ha competido, sale y lo hace fenomenal, sabe lo que el equipo espera de él y cumple a la perfección. Cuando el balón no quiere entrar entre los tres palos por más ocasiones que tenemos, no desesperamos. Y cuando Manucho, Jofre y Nafti salen desde el banquillo, aportan la frescura que necesita el conjunto y rompen el partido que se había atascado para materializar –por fin– nuestra clara superioridad no reflejada hasta el momento en el marcador.
Vamos a por ello, que pase el siguiente. Ya sólo quedan siete partidos y hay muchas ganas de enfrentarse este domingo al líder y tener la oportunidad de ponerse a dos puntos de los coruñeses. Aunque esto es Castilla y aquí hasta que el bogavante no deje de patalear en la cazuela no podremos zampárnoslo tranquilamente con el arroz y un buen verdejo de Rueda. El secreto es que se vaya cociendo poco a poco y sin hacer ruido, tal y como se asa en nuestra tierra el lechazo en el horno de Pereruela. Si les interesa conocer el final de la historia de la mesa y la puerta, les diré que tras aquella frase lapidaria en menos de quince segundos la mesa pasó entre las jambas y acabó en el salón. El éxito está asegurado cuando todos saben lo que tienen que hacer, y lo hacen.




Fran Arranz

Imagen: The Wire, capítulo 1x04 "Casos Antiguos"



Publicado en "El Norte de Castilla" el 03.05.2012

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