Como aquel estudiante que aguarda nervioso en la víspera de su examen, como aquel opositor que lleva un año preparándose para el tribunal que no le dará otra oportunidad, como aquel capitán de barco que ansía llegar al puerto de destino tras una larga travesía por el océano, nuestro Real Valladolid está a la puerta de lograr cumplir nuestros sueños.
Una temporada llena de altibajos, un comienzo ilusionante, unos viajes decepcionantes, un proyecto nuevo frustrado a mitad de año. Dudas, ánimos, goles, remontadas, cánticos. Cuando todo parecía perdido, el muerto dio señales de vida y Lázaro se levantó y echó a andar. Cuando más negro parecía el destino, el ave fénix resurgió de sus cenizas y alzó el vuelo hacia el cielo.
Comenzamos a soñar, nos frotamos los ojos, y era real. El equipo empezó a comportarse como equipo, y los hombres como compañeros. Buscando al compañero, confiando en que era posible. Despertando con la ilusión de verse cerca del premio ansiado.
El Pucela es ahora mismo un bloque unido y que rema en una única dirección. Las últimas bofetadas recibidas en Tenerife y en Huesca tienen que recordar a nuestros jugadores que en esta competición ningún equipo es menor que otro. Ahora lo tenemos en la mano. Tenemos que agarrarnos a la vida con todo el coraje y toda la confianza del mundo y hacer lo que sabemos. No se os pide ni más ni menos que eso.
A menudo se escucha que la vida nos puede cambiar en una décima de segundo. La diferencia entre llegar o quedarse en el intento. Entre besar en los labios o en la mejilla. O entre disfrutar de una liga espectacular con los mejores equipos del mundo o penar la condena vagando por campos fantasmales en los que para sacar un punto hay que volver a casa con las rodillas arañadas por la tierra.
Y ahora tenemos esa oportunidad encima de la mesa. Queremos seguir soñando. Nunca dijimos que fuera a ser fácil. Va a costar, y seguro que en algún momento vamos a desear que las manecillas del reloj se muevan más rápidamente o más lentamente según vayamos con viento a favor o en contra. El tiempo pasará y como en las buenas películas, los buenos ganarán.
No me cabe ninguna duda de que vamos a lograrlo. Tenemos los mimbres para fabricar el cesto. Un equipo con suficiente calidad, experiencia e ilusión como para ganar a cualquiera. Les hemos ganado ya durante la temporada a todos ellos. Y podemos volver a hacerlo.
Apelo a la épica y a la fuerza. A la inteligencia y a la prudencia. Seamos pacientes e indulgentes cuando algo no marche, y animosos e infatigables cuando nuestros soldados necesiten de nuestro aliento. No os fallaremos. Venceremos.
Fran Arranz
Publicado en "El Norte de Castilla" el 03.06.2011

No hay comentarios:
Publicar un comentario