Conviven con nosotros a diario. Son nuestros amigos, compañeros de trabajo o simplemente coincidimos con ellos en el bar, cuando nos tomamos un pincho de tortilla o un café. Los encontramos también participando con pasión en los foros que hablan sobre el Real Valladolid en la Red, siguiendo e intercambiando opiniones con los periodistas deportivos en Twitter, tratando de mantenerse siempre al día de la actualidad que magistralmente difunde el club en las redes sociales. Son socios, llevan siéndolo muchos años, prácticamente desde que ganaron su primer sueldo o ahorraron las propinas de los domingos para poder pagar y lucir con orgullo su carnet cuando viajan y se encuentran con algún vallisoletano.
De pequeños, el Pucela era su único tema de conversación, y de mayores... también. Leían las crónicas de los lunes en el periódico imaginando todos los pequeños detalles que rodean la magia de un partido de fútbol. Escuchaban con emoción las narraciones de Marco Antonio Méndez en su 'walkman', al mediodía Alejandro Romero les ponía al día de las novedades de los entrenamientos, y por las noches pegaban la oreja al auricular cuando José María García pronunciaba el nombre de Marcos Fernández o ponía al otro lado de la línea telefónica a Goyo Fonseca. Ahora no se pierden un programa de los de Paco Izquierdo, Juan Carlos Amón o Chus Rodríguez.
Por supuesto, les gustaría que el Real Valladolid estuviera en Primera, pero ellos se harían socios igualmente aunque jugara en Segunda B. Les da pena cuando vendemos a alguna de nuestras figuras pero entienden que si no lo hiciéramos estaríamos abocados a la desaparición. Siguen con cariño sus carreras posblanquivioletas, como lo hicieron con Hierro, Baraja, Caminero, Llorente o Víctor.
Cuando suben a Zorrilla se ponen de los nervios cuando al equipo no le salen las cosas y algún cafre tres filas más arriba empieza a repartir estopa a los de casa. Por educación se calla y no le dirige ni siquiera una mala mirada, deseando en lo más profundo de su corazón que ese mentecato no vuelva a pisar nuestro estadio. Eso sí, en junio, cuando estemos celebrando el ascenso en la Plaza Mayor compartirán gozosos un abrazo de gol con él, aunque solo se arrime al olor de la victoria. Qué más da -piensan-, que disfruten también del equipo.
Son ellos, los que nunca abandonarán al equipo y siempre seguirán fieles a nuestros colores, ecuánimes y, por supuesto, positivos.
Fran Arranz
Publicado en "El Norte de Castilla" el 24-11-2011
