Aquel día el sol salió fuerte, como esos días de julio en los que a los cinco minutos de levantarte de la cama ya notas el sudor empapando la frente. Los aficionados iban por las calles con camisetas del equipo, en el vermú no se hablaba de otra cosa, los autobuses llevaban banderitas de apoyo, por las calles circulaban dos coches con el himno y grabaciones de goles a todo trapo y cuatro días antes en Zorrilla habíamos tenido la mejor entrada de la temporada, ganando el partido de ida del 'play-off' con cierta solvencia, incluso perdonando al rival en varias ocasiones claras.
Los señores de la tele decidieron que el partido se jugara a las ocho de la tarde. En la ciudad, la gente andaba ya nerviosa desde el postre de la paella de los domingos y la sobremesa se hacía eterna. Leí que el partido lo iban a poner en un céntrico cine, llamé a un colega -compañero de alegrías y penas blanquivioletas desde la niñez- y quedamos a las seis y media en el bar de enfrente.
Allí mantuvimos una breve conversación sobre las posibilidades de pasar a la final por el ascenso. Me comentó que había hablado durante la semana con varios amigos de Elche y pocos confiaban en que su equipo pudiera remontar la eliminatoria.
Luego ocurrió lo que todos ustedes conocen. Veinte minutos muy buenos, rematados con el golazo de Óscar. Aquello parecía hecho y por las cabezas de todos pasó el 'muy mal se tendría que dar...'. El contrario empieza a llegar a puerta. Dos faltas bien lanzadas, pifia arbitral incluida, y llegamos al descanso llenos de dudas, perdiendo 2-1 y con el congojo subido. Reanudación, y nuevo gol del Elche en otro cúmulo de despropósitos defensivos (3-1). Aquella noche de verano acabaron de golpe nuestros sueños, aquellos que habían comenzado en Huelva tan solo unos meses antes.
El tiempo ha pasado, y Real Valladolid y Elche se volverán a encontrar el próximo domingo al mediodía en el césped de Zorrilla. Aquel sueño que se convirtió en pesadilla en una cálida tarde de junio nos hizo madurar varios años -a jugadores y afición- de un cruel puñetazo en la mejilla.
Apuesto por que el Elche vendrá el domingo a Valladolid con un planteamiento muy defensivo. Es misión de Djukic preparar psicológicamente a los jugadores y plantear la mejor estrategia para ganar, y es misión de los futbolistas superar el reto mental y futbolístico y no caer en provocaciones, si las hay. Su entrenador les habrá aleccionado convenientemente.
Esperemos que ocurra igual que cuando en medio de una pesadilla te das cuenta de que todo ha sido un mal sueño y decides despertarte para elegir un final feliz.
Fran Arranz
Publicado en "El Norte de Castilla" el 29-09-2011