Hace casi 17 años, España caía eliminada en cuartos de final del Mundial de EEUU, frente a Italia. Recuerdo especialmente el codazo de Tasotti a Luis Enrique a falta de dos minutos que el árbitro no vio, y hubiera significado un penalti que nos hubiera permitido jugar la prórroga. En aquel Mundial España partía como una de las favoritas. Nuestras ilusiones, directamente proporcionales a la decepción posterior, se esfumaron aquella tarde, con los tres toques de silbato del húngaro Sándor Phul.
A los pocos días, empecé a observar con perplejidad, que una gran mayoría de aquellos que unos días antes alababan con gran profusión a nuestra Selección, con la misma intensidad sacudían a todo lo que se movía: el entrenador, los jugadores, la Federación... yo no comprendía nada. ¿Cómo podía ser que los que decían que nuestra Selección merecía ser campeona del mundo, al día siguiente sacaran del cajón los cuchillos afilados y la emprendieran con saña contra ella?
Unos días más tarde envié una carta al director de este periódico titulada «No hemos ganado el Mundial», en la que expresaba mi profundo malestar con todos aquellos oportunistas y carroñeros, que jugaban impunemente con nuestras ilusiones, utilizándonos como marionetas para vendernos el éxito o el fracaso, olvidando que si el árbitro simplemente hubiera pitado aquel penalti, todo podía haber sido distinto.
La misma sensación de decepción tengo ahora. La desafortunada actuación de Amoedo Chas, entre otras causas, nos ha cortado la ilusión de un golpe cruel e instantáneo.
En menos de veinticuatro horas han surgido de debajo de las piedras quienes hace una semana argumentaban que sin duda éramos merecedores del ascenso, encabezando ahora titulares pidiendo que rueden cabezas, que se desmantele la estructura deportiva, que se venda a media plantilla, que se despida al entrenador, que dimita el Presidente y que las dueñas del club lo vendan urgentemente al mejor postor.
Pero, ¿y si el árbitro no llega a pitar aquella mano inexistente? Aquí pasamos del #noaflojes al #suarezveteya en un cuarto de hora. Y yo, que aún tengo colgada en la silla la camiseta del #yonoaflojo ¿qué hago con ella?
Dieciséis años más tarde, la selección española ganó al fin la Copa del Mundo. Seguro que no tardaremos tanto en volver a Primera. No todo ha sido malo este año. Habrá que reforzar algo el equipo, como hemos hecho otras veces, y volveremos a pelear por subir.
Ya no vale para nada dar más vueltas a la actuación del árbitro o a los fallos de nuestros jugadores. Lo único que tengo claro es que el próximo 1 de julio renovaré mi abono y apuntaré como nuevo socio a mi sobrino Rodrigo, que nació hace una semana y ya es del Pucela.
Fran Arranz
Publicado en "El Norte de Castilla" el 22.06.2011

